Aurelia en: "Al respirar propongo ser quien ponga al aire que al inhalar te traiga el mundo de esta parte"


"Once", John Carney, 2006.

Fue un domingo raro. El día anterior me había acostado con un listado de cosas que tenía que terminar, de las cuales pude sólo con una. No me podía levantar de la cama. Estaba al borde de la depresión, me asusté, me vestí neutra, cuando me siento así no me va el dramatismo del negro, ni los colores brillantes; desaparezco. Me uniformé para mezclarme en la calle, íbamos todos vestidos igual.

Estaba nublado así que fui a una librería. Como una ostra con patas, me pasé media hora buscando algún libro de Caparrós. Lo busqué en la C de escritores argentinos, después me fui a periodismo, por las dudas pispié el estante de historia, hasta que en un esfuerzo sobrehumano, le pregunté al vendedor, que con un desinterés cruel, me contestó que no tenían nada. Me duelen cosas insignificantes, como la evidencia misma que una librería se convierta en un shopping. Fui ahí porque ese edificio tiene magia en los huesos, antes fue un teatro y después un cine donde iba con mi hermana a las trasnoches.

Supongo que el sillón Chesterfield ahora no alcanza, como tampoco la tarteleta de frambuesas y chocolate blanco, cuando no encontrás eso mismo que fuiste a buscar, solo sirve para pasar el rato.

Me perdí en los pasillos, buscando. Caminé por las bibliotecas, intentando recordar el nombre de la autora de “Los suicidas del fin del mundo”. Me crucé dos veces con un chico que me miró a los ojos. No entendí, era posible que me hubiera olvidado de peinarme. La tercera vez no alcancé a esquivarlo, me pregunta: ¿Vos hiciste un taller de canto? Estoy lenta, me sorprende. Agrega: No sé si sos vos, en el "Rojas", quizás es de ahí de donde te conozco. Sonrío. Sí -le contesto- un par de años atrás, “antes de Cristo”.

Ninguno de los dos se acordaba el nombre del otro. Él ahora tenía barba y ocho años más. Repasamos, cambiamos teléfonos.

Después de un mes redondo, me llama. Ayer, domingo de nuevo, a la nochecita, casi me había olvidado. Quedamos para hacer algo durante la semana, vamos viendo, por lo pronto nos agregamos en el msn, puede ser un desastre, o no, tanta ambigüedad.

Me acosté pensando en lo que me acordaba de él:

Que se ponía rojo cantando, parecía que la vena del cuello le iba a explotar. (Una onda Eddie Vedder) Recuerdo un ejercicio de respiración que nos tocó hacer juntos. Estábamos parados uno frente al otro. Nos teníamos que levantar las remeras y sentir el recorrido de la respiración del otro.

Mi mano estaba apoyada en su ombligo. Su mano sostenía mi vientre. Nos turnábamos en silencio. Sentía como se embriagaba de aire en el pecho y lo trasladaba en una lenta exhalación, buscando reubicarlo en otro lugar, hacia su centro, hacia su panza. Comenzamos a transpirar, quizás de la vergüenza. Era una sensación un tanto extraña sentir el calor de su mano en mi cuerpo, teniendo la plena conciencia del otro en la piel. Sentir el recorrido del aire en mi cuerpo y de su mano apoyada sobre mí. Observar su vientre desnudo y sentir su respiración en la palma de mi mano.

Ahora me pregunto qué es lo que él recuerda de mí.



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2 Response to "Aurelia en: "Al respirar propongo ser quien ponga al aire que al inhalar te traiga el mundo de esta parte""

  1. Consuelo Says:
    9/8/10 11:25

    Amiga no puedo respirar aún. . . sencillamente hermoso!!!

  2. Lia Gutierrez (Aurelia) Says:
    16/8/10 2:17

    Muchas Gracias Amiga!

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