Laura en: Ni el ser, ni la nada

Vengo con mala racha. Me doy cuenta porque es viernes a la noche y estoy metida en la cama acompañada por ese libro interminable que empecé hace un año y que deje cuando en otras noches estuve entretenida con circunstanciales-y amistosas-compañías.

Mientras estoy intentando superar el sentirme miserable leyendo la miseria de otros, me ocurre la burla del destino.


Una de las delicias de vivir en una propiedad horizontal en una metrópolis atestada de seres humanos es el tema de la poca privacidad y la invasión sonora: uno escucha la vida de gente que nunca llegará a conocer. Escucha sus risas, sus peleas, escucha (y huele) lo que comerán, los oye cantar Celine Dion en la ducha… y los oye hacer otras cosas.


Estoy dando vuelta la hoja de mi libro existencialista cuando a través de la pared (o contra ella) se hace presente el TOC- TOC- TOC- TOC acompasado y sincrónico que solo puede significar UNA cosa. Le resto importancia y continúo con mi libro. La cadencia de sonidos se incrementa y disminuye de modo tal que dejo de concentrarme en la lectura y empiezo a preguntarme de dónde vienen esos ruidos, cómo es qué se están generando, si será la del 4° B o será de otro edificio, y demás preguntas que solo pueden llevarme a respuestas intranscriptibles. La imagen sonora aumenta ya en un desproporcionado insulto a todo quién ha ejercido las artes amatorias y le han dado el retiro obligatorio. No puedo creer que hace tanto tiempo que están en plena contienda; deben estar entrenados en las disciplinas tántricas. Me da la sensación que están matando a alguien por los alaridos que oigo, pero sé que esa mujer la esta pasando terriblemente bien. Mejor que yo, seguro. Me hundo en la miseria porque no me acuerdo la última vez que hice tal despliegue de capacidad pulmonar y espamento auditivo. Parece ser que cuando vos no tenes suerte te topas a diestra y siniestra con gente que sí la tiene, como si el destino te refregara en la cara lo que te estas perdiendo.


Finalmente llega el estruendo culminante, para luego abrirse paso el silencio. Silencio profundo. Tengo el libro abierto en la misma hoja hace una hora y media. Retomo la lectura hastiada… o más bien asqueada de saberme más sola que el uno. Sabiendo que el existencialismo esta bien, pero la vida es diferente. Que hay días en que el lado frío de mi cama de dos plazas se hace insostenible. Que mi desarrollo intelectual no cubre todas mis necesidades básicas. Y mientras me lamento de algo que no me lamentaría usualmente se abre paso el
TOC- TOC- TOC- TOC nuevamente. ¿En serio?, ¿Otra vez?; esto ya es ostentación. Salgo de la cama: no tiene ningún sentido presenciar una fiesta a la que una no fue invitada. Esto no es existencialismo, es instinto animal puro.


[Foto: The Unbearable Lightness of Being, de Philip Kaufman]

4 Response to "Laura en: Ni el ser, ni la nada"

  1. Antonia Says:
    28/9/10 7:37

    "¿En serio?, ¿Otra vez?; esto ya es ostentación"
    jajaja cómo me reí Laurita! muy bueno!
    Un saludo!

  2. Laurita Minucci Says:
    28/9/10 8:39

    Antonia,¡es que no se le hace eso a una compañera en desgracia! Que tengan toda la actividad que quiera, pero esto ya estaba muy soslayado!!! ;) ***Besos***

  3. Anónimo Says:
    30/9/10 5:40

    por eso yo tengo una cama de una plaza y media! :D

  4. Laurita Minucci Says:
    30/9/10 8:39

    Anónimo: ¿así me sentiría medio menos mal? Esperame que voy a buscar un serucho y corto el colchón... ;)

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