Aurelia en: ni sí, ni no, ni blanco, ni negro.

"Memorias de Africa", Sydney Pollack, 1985.


Me gustaría que todo fuera tan claro como cuando era chica, parecido a ése juego de la infancia. El mundo se dividía en dos. En lo que estaba bien y lo que estaba mal.


Hacía bastante que no sabía nada de Ramiro. Un par de mensajes de texto del tono: en qué andas, preciosa? Me acuerdo cuando tiempo atrás, los hombres te llamaban por teléfono. (Suspiro) Cuánta nostalgia.

Nos encontramos en el chat una noche, yo bañada y en pantuflas. Pintó video-llamada y me puse a secarme el pelo mientras chateábamos. Tengo mucho pelo y grueso, si me voy a dormir con el pelo mojado, duermo incómoda y me da frío. Al día siguiente parezco una oveja. Entonces ahí estaba, con el secador en mano usando la cámara de espejo. Charlamos un rato hasta que me dijo que la imagen era muy fuerte, que estaba preciosa y que lo calentaba mucho. Bueno, no supe que hacer, me sorprendió, no sabía que el cabello al viento tenía carga erótica. Me preguntó: necesitás ayuda? Voy a tu casa a secarte el pelo. Era un miércoles a las 12 de la noche. Enserio? le contesté.

Sí claro, agarro la moto y en 15 minutos te toco el timbre, me respondió.

Fue tiempo suficiente para ordenar mis cosas. En quince minutos estaba en la puerta con su sonrisa encantadora. Le ofrecí algo para tomar pero no quiso: no quiero que te resfríes, me dijo. Agarró el secador y me sentó en el sillón.

Fue muy distinto a ir a una peluquería. Se tomó su tiempo, no usó peine. Los dedos me acariciaban el cuero cabelludo. Se encargaba de separar cada mechón con cuidado. Manejaba perfectamente el calor del secador, desde la raíz- podía sentir el placer del calor tibio en la piel húmeda-hasta llegar a las puntas. Sus movimientos no eran bruscos, todo lo contrario, eran muy seguros. Apagó el secador. Me dio unos masajes en la cabeza. Me relajé. Cerré los ojos. Me sostuvo las mejillas con las dos manos y me besó.


Era la segunda vez que “dormíamos” juntos. Yo como de costumbre, no pude pegar un ojo mientras estuvo al lado mío. Se fue sin desayunar, apurado, a las seis de la mañana.

Intuyo que no soy la única en la vida de Ramiro. Debería hacer lo mismo, ampliar el panorama, pero no me sale.

Creo que me puedo volver vulnerable. Me gustaría que las cosas fueran de otra manera. Supongo que alguna vez tenía que pasar, el momento en el que pesa en la balanza la idea de querer ser la única.

Mañana es 21 de septiembre, el día de la primavera. Me acuerdo de la ilusión que tenía, de empezar a dejar atrás el invierno. Hoy es el último día. Si lo de Ramiro no arranca, se terminó acá.

Tan cerquita del fin.

2 Response to "Aurelia en: ni sí, ni no, ni blanco, ni negro."

  1. una muñeca Says:
    20/9/10 11:18

    Por qué siempre aparece más facilmente la opción de apostar al desencuentro que la de intentar el encuentro?...

    Sólo me lo estoy preguntando...

    Suerte con lo que Ud. eliga muchachita...

    Un beso.
    una muñeca

  2. Lia Gutierrez (Aurelia) Says:
    21/9/10 14:22

    hola muñeca ;) muchas gracias por tu comentario.
    Tu pregunta es como una bofetada :)
    Quizas todos deberíamos dar una respuesta.

    Puede ser que esté muerta de miedo.

    Un abrazo grande
    Lia.

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