Laura en: I can't get no satisfaction

“- ¡Pero si estas en tu mejor momento!” me dijo una amiga entre sorprendida e indignada de tanto escucharme quejarme. “¿Sí?... ¿pero cómo puede entonces ser éste mi mejor momento si yo me siento para el orto?”, le contesté.

En teoría todo indica que me va tan maravillosamente bien como en las tapas de las revistas de la farándula: espléndida, con sonrisita kolynos, pelo al viento, éxitos profesionales, familia, amigos y la mar en coche. Y así y todo, con sonrisita de cartón pintado incluida, nada me sienta bien y ando peor que nunca. No es que esté más violenta que de costumbre; eso sería normal. Tampoco estoy como Blanca Nieves cantándole a los pajaritos que me traiga un novio. La cosa es mucho peor: todo me importa bastante poco.


Que ironía: tanto que me quejé de los profilácticos emocionales que van por la vida cuidándose de no derrochar emociones, guardándolas vaya una a saber para cuándo (pero nunca se las dicen a una, nunca se les escapa un desliz de sentimiento), y ahora parece que la inmunizada soy yo, la que no puede demostrar sentimientos o emociones. Me da lo mismo comerme un apio que un asado de tira con papas fritas. Ya ni me gasto en peinarme a la mañana (¿para qué?). Ni me causan gracia las comedias ni lloro con las películas más desgarradoras. No tengo ganas de nada… de nada de nada.


La última frontera fue la semana pasada cuando salí con Un-Tipo-Cualquiera, fuimos a su casa, y el encuentro amoroso me produjo la misma emoción que leer el manual de procedimientos de un reactor nuclear. No experimenté ningún tipo de sensación. Tenía la cabeza en cualquier otro lado (literalmente, estaba pensando a que hora tenía que levantarme para pasar a buscar la ropa por el lavadero). Por primera vez en mi vida tuve que fingirlo todo: el antes, el durante, el durante durante, y- por supuesto- el después. Me escabullí de la casa con los zapatos en la mano y esperé en el palier del edificio a que alguien saliera para irme. Ni siquiera sentí el frió de la loza en mis pies mientras huía. Tampoco sentí ni pena ni lastima por el abandonado.


Mi amiga me miro horrorizada mientras le contaba que lo había fingido todo, y que nada me satisface en este momento, ni el sexo siquiera. “-¿Para qué fuiste a la casa?”, me preguntó con buen tino. Intenté armar una respuesta en mi mente; lo intenté y lo intenté... pero no le contesté. A medio camino ya no me dieron ni ganas de explicarle. Mi respuesta no la hubiera satisfecho.



[Foto: Ice Age, de Carlos Saldaña ]

2 Response to "Laura en: I can't get no satisfaction"

  1. Anónimo Says:
    26/8/10 11:09

    Al parecer tenes todo lo muchos desean, pero te sentís algo vacía. Ya vendrán tiempos mejores! ;), pero no todo en la vida es completo solo tenes q encontrar el equilibrio.

    besos..

  2. Laurita Minucci Says:
    26/8/10 15:39

    Equilibrio. Eso es lo que me falta. Y eso que solía ver el vaso medio lleno... no sé que me pasa. Será cuestión de poner la cara B del disco...
    ;)
    ***Besos***
    Lau

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