Laura en: El regreso de los muertos vivos



Con tanto dispositivo tecnológico formando parte de nuestra vida diaria, ¿cómo es que la ciencia moderna no inventa algo que nos advierta cuando estamos cometiendo un error?, ¿no sería práctico algún pequeño aparatito que nos indique la aproximación de una situación de peligrosidad emocional?.

Estoy en casa, viernes a la noche. Bebida espirituosa y Janis Joplin como únicas compañías. Estoy recompuesta. Estoy bien. Estoy tranquila. Estoy. Suena el timbre. Atiendo. Escudado en la frase “estaba cerca de tu casa y se me ocurrió pasar a visitarte que hace mucho que no nos vemos” hace su (re)entrada Amigo-de-un-amigo-de-un-amigo. Que débil soy, estoy vulnerable. No, soy un desastre. En un segundo tiro a la mierda todo el enojo de meses anteriores, me olvido de las estupideces que le escuche decir, del esta-todo-bien, de las promesas que me hice a mi misma, de los té de melisa, de la tilinga con la que se fue de la puta fiesta, de los muñecos Vudú que armé a su imagen y semejanza. Me olvido de todo y lo hago pasar. Este es un excelente momento para que el aparato-detecta-errores encienda la luz roja.

1 + 1 = 2... y todo termina en el dormitorio... con escalas intermedias.

Estamos acostados en la cama y Él hace eso que no hay que hacer a menos que sea en serio: me corre el pelo de la cara, me abraza (¡no me abraces, no me abraces, no me abraces!), y me dice “Que linda que sos... sabías que te quiero un montón, ¿no?”… ¡¿CÓMO?!. ¿Cómo que ME QUIERE UN MONTÓN?, ¡pasaron mil quichicientos cincuenta meses y ahora te despachas con esto!, ¿Es en serio, o es una de esas frases huecas dichas al azar?, ¿Qué te pasa?: como me vas a decir eso, así, como si fuera una afirmación repleta de eventos cotejables con la realidad, si no me diste nunca un mísero indicio de que así fuera. ¿Y toda esa pelotudez que me dijiste de “estoy disfrutando de mi soltería”?, qué, ¿ya fue?, ¿ya se te pasó?. Y las eternas semanas que pasaron sin vernos, qué, ¿no existieron?. No seas sádico. Mirame: ¿no ves que estoy con la cabeza recostada sobre tu pecho, creyéndome de tu discurso solo la parte que me gusta?, ¿no te alcanza con eso?. Ahora te vas a ir y después no me vas a llamar por quince días y yo acá, como una estúpida ilusionada, seguro voy a estar reacomodando mi ropa en el placard de casa para dejarte un cajón para tus cosas…

En medio de mis tribulaciones internas él me besa. Un beso de esos que te aproximan al abismo. Solo un beso y los límites del mundo se desvanecen. No existe nada más en ese instante.

El aparato-detecta-errores explota; y atrás me explota la cabeza... y el corazón.


[ Foto: Hellbound, de Aaron Norris ]

2 Response to "Laura en: El regreso de los muertos vivos"

  1. Anónimo Says:
    4/8/10 9:44

    Uff!! a veces son tan impunes... y nosotras tan poco inmunes a esos efectos.
    Pátetica yo, pienso... a vos por lo menos te tocan el timbre (qué consuelo es ese por dios!!).
    Acá, ésta enamorada que escribe, pensando en uno que no es mal tipo, ni maltrata (lo que no es poco). Así que no me toca el timbre. No me elige...
    Y yo quiero!! (soy un desastre)

    Acá yo, que odio la desmemoria estoy deseando que el olvido venga y lo tome de rehén.

    Estoy en problemas porque lo quiero. Y no se puede.

    No aprendo más parece...
    Arriba muchachas... ya sabemos, el amor es puto.

  2. Laurita Minucci Says:
    4/8/10 11:04

    Anónimo:
    Que toque el timbre es lo de menos. otros mandan mensajes de texto, de msn, te enganchan en el ascensor del trabajo, en la parada de colectivo... en cualquier lugar.
    Patética no sé; sensible a los estímulos, seguro. :)
    Para aprender hay que equivocarse, así que por lo que se ve: ¡estamos aprendiendo UN MONTONAZO!!! jejeje
    ***Besos***
    Lau

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