"Un buen año"
Dir: Ridley Scott
2006
Una vez creí tener la certeza de que él iba a cumplir su promesa de volver. La certeza de que yo no había nacido para ser Penélope, de que él no me dejaría tejiendo inviernos sola eternamente. Pasaron varios inviernos agarrada a esa certeza que se iba convirtiendo en esperanza de... , hasta que finalmente fue desilusión. Empezaba otra primavera y dentro de mi casa nevaba. Caminando por una de las tantas noches en que esperaba que el alba me disparara al corazón, lo conocí. En una barra llena de lágrimas y alcohol, me miró señalándose el oído justo en la parte en que la canción decía "No pienses en él esta noche y dime que me amas, que él no te oye". Así empezó nuestro amor. Ese amor que me devolvió la alegría y las ganas de los vestidos de colores en las primaveras, me llenó la casa de reflectores hasta que derritió hasta el último copo de nieve. Así era él ó es, no lo sé. Un día junté mis cosas y sin demasiadas explicaciones me fui convencida de querer irme. Alguna que otra vez me arrepentí, pero no tenía la certeza de poder hacerme cargo de llamarlo. Hace dos días lo crucé en la calle, se me aceleró el corazón y sentí que no me entraba el aire al cuerpo. Nos miramos, no hubo ni beso ni abrazo ni palabras, hubo una reducción en nuestro paso para mirarnos durante más tiempo, como si alguien desde el más allá nos hubiera puesto en ralenti. No puedo explicar con palabras todas las sensaciones que se sucedieron dentro de mi pequeña persona con ese cruce, pero siento que fue mejor que cualquier charla, que cualquier explicación que nunca alcanzará. Vuelvo a casa y encuentro a Juan cocinando nuestra cena, lo abrazo, lo beso y sirvo dos copas de vino. Mis certezas van cambiando según pasan los años, según voy cambiando yo. Sólo una persiste siempre y motiva mis días, la certeza de sentir.
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Oxitocina ,
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Consuelo. mes julio
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Ismael Serrano
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miércoles, 21 de julio de 2010
14:38
Las cosas cambian cuando una se siente enamorada.
Todo lo que creía que era malo en mi vida, de repente tiene solución en un abrazo.
Salgo del trabajo y te veo sentado en el auto esperándome. Pasamos por el viejo mercado del barrio y compramos todo lo necesario para cocinarnos una rica cena. Mientras cortamos coloridas verduras y tomamos una copa de vino, nos contamos como estuvieron los últimos tres días en los que no nos vimos. Nos reímos mucho. Bailamos. Un par de horas después no tengo sueño y te miro dormir. Pienso en todas las veces que creí que esto sólo le pasaba a las protagonistas de las comedias románticas estadounidenses. Me dí cuenta que más allá de nunca haberme cerrarme a conocer a alguien, en realidad ya no esperaba nada nuevo de ningún hombre, nada nuevo de mi.
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