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Aurelia en: Alguna vez, sin límites

"Frankie and Johnny", Garry Marshall,1991.


Alguna vez,

sentiste que no podías distinguir la línea del horizonte que separa el cielo del mar.

Alguna vez,

estuviste en el asfalto, en el medio del campo, y el calor derretía la ruta transformándola en estado gaseoso.

Alguna vez,

te levantaste tan temprano que sentiste el frío del rocío en la nariz, y la niebla se metía tanto en el cuerpo que confundías el contorno de cada paso.

De pronto estabas envuelta en un paisaje esfumado. Estirabas el brazo hacia adelante, no podías distinguir los dedos de tu mano. Sabías que estaban ahí, pero no alcanzabas a comprenderlo. Las partículas de aire mutilaban al árbol que no era más un árbol. El fondo, a la vista, un abismo blanco.

Alguna vez,

te dijo te quiero y te estaba hiriendo profundamente.

Él creía que te amaba o se engañaba diciéndolo, pero te oprimía el pecho. Cómo refugiarse en un abrazo que te asfixia. Cómo reconocer otro amor distinto a ése.

Aurelia en: Pantone de colores


Mi amigo el psiquiatra me dijo que ya sabe como viene la mano: si conoce a una chica y quedan para verse cada 15 días, la relación dura tres meses. Si da para encontrarse una vez por semana, le dura un mes.
No puedo comprender si la tiene muy clara o si es un desastre. Pero como es mi amigo, confío en su criterio.
Todavía no me puse a pensar en qué situación estoy con Ramiro, un promedio de 10 diez días, si sacamos la cuenta, casi nada. Sólo que particularmente, en este momento, no me preocupa. Quizás ya aprendí a no morirme de ansiedad, hace unos años caminaba por las paredes por cada desilusión amorosa, canalizaba tejiendo un acolchado en macramé. No sé si estoy perdiendo mi capacidad creativa o me estoy volviendo más realista. Voy a tirar una bomba atómica: creo que no busco enamorarme.
Me acuerdo hace un par de años atrás, después de una situación de angustia, cuando le dije a mi terapeuta que lo que deseaba era que "un hombre me quisiera", ser querida. Supongo que encima como me crié sin una figura paterna, eso tiene una densidad importante. Qué pasó en ese momento que sentía una tremenda falta, casi no lo recuerdo, creo que me había ido muy mal en cada emprendimiento donde había apostado el alma. No tenía con qué sostenerme. Y basta con una mirada de ésas, que te atraviesan el corazón, para volver a tener ganas de recoger los cachitos y pegarlos con engrudo.
Ahora estoy recompuesta. Me llevó un poco más de tiempo que si hubiera encontrado a esa mirada amorosa que estaba necesitando. Pero supongo que lo importante es que lo conseguí.
No siento que me falta mucho, que me hace falta nada. Puedo percibir el futuro de una amplia gama de colores posibles. Y Ramiro, por suerte, no me apura a definirlo.

Aurelia en: "Bajo el agua"

Jinete de Ballenas, Niki Caro. 2002.

Una vez quise ser buzo. Hay que hacer un entrenamiento que se puede superar si se tiene disciplina, voluntad y un poco de predisposición al ejercicio físico. Una de las tantas pruebas que hay que aprobar es aguantar sin respirar dos minutos bajo el agua.

La sensación de sumergirse es increíblemente placentera. La cabeza se moja, de pronto el fuego que arde todos los días se apaga. Puedo dejar de pensar, o lo hago de otra manera. Casi nada, me fundo líquida y floto.

Me pregunto porqué no pudimos arreglar con Ramiro para vernos de nuevo. No estoy preocupada por ahora. Quizás porque no estoy enamorada, todavía.

No se cuánto tiempo pueda aguantar haciéndome la indiferente. Como cuando en un principio aguantaba 45 segundos sin respirar, después un minuto… hasta que por control mental pude superar la prueba y llegar a los minutos necesarios. No lo pienso llamar.

Lo más lindo que tiene Ramiro es que puede crear climas de la galera. Texturados, de la gama de los azulados, tirando a los 29 grados de sensación térmica. Quiero decir que cuando estoy con él me siento como después de bañarme, envuelta en mi salida de baño.


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Esta música es la que me ayuda a aguantar la respiración.

Aurelia en: ¿y ahora de qué me disfrazo?


"Good Will Hunting", Gus Van Sant, 1997.

Soy una extraterrestre, no tengo entrenamiento en citas. Las esquivo olímpicamente. No voy a cenar ni muerta, a tomar algo tampoco. Me enfermo con sólo pensar el momento que viene la cuenta hasta arreglar el “vamos a medias” y después… qué? Nada! no pintaba nada! Encima me siento como en una entrevista laboral donde tengo que desplegar en un tiempo mínimo mis aptitudes para el puesto sin meter la pata.

Dilema:

Chateamos con Ramiro, mi ex compañero de canto, y quedamos para vernos el sábado a la tarde.

Me puse a googlear la agenda cultural buscando algún programa entretenido. “La fiesta del chancho asado con pelo” era en enero, una pena. Salió un homenaje a Soriano donde Rep pintaba un mural y pasaban la película “No habrá mas penas ni olvido”: perfecto. Lástima que me dí cuenta que era en Capitán Sarmiento, para llegar al pueblo había que tomar un colectivo de larga distancia en Retiro. Hubiera sido un lindo plan, el tema era que no lo conozco tanto a Ramiro, por ahí es insoportable como compañero de viaje, o quizás si le propongo semejante excursión de entrada le parezco una loca.

Necesitaba bajar el nivel de expectativa a cero. Hace ocho años atrás era otra mujer, más inexperta, inconciente, más lanzada, y ahora tengo el corazón hecho un colador. Antes pensaba en comerme el mundo y ahora siento que me voy a morir de indigestión si no me fijo antes la fecha de vencimiento. Voy tanteando con la punta del dedo gordo la baldosa que tengo por adelante, así me quedo tranquila de que no haya peligro de derrumbe.

Me puse las zapatillas, me calcé el bolso con el mate, y no me fui vestida para matar. Ya sé que para los hombres la primera impresión es lo que cuenta. Pero todavía no sabía si me quería acostar con él y prefiero que no se haga la idea. Se que para los tipos es un poco bajón: “se vino un escracho, me la juega de amiga”; pero es lo que hay. Si nos divertimos, quizás pueda verlo de nuevo y ahí pensaría en “producirme” un poco para dejarlo turulato.

Nos encontramos en Caminito, en el barrio de la Boca. Subimos y bajamos escaleras de conventillos charlando de la firma del contrato de Riquelme -prefiero estar haciendo otra cosa mientras hablaba con él- así mi cerebro se desenchufa y no piensa sólo en mantener una conversación. Nos detuvimos poco, quizás porque siempre encontrábamos algún lugar donde querer entrar a curiosear. Terminamos en el museo de Quinquela Martín, él se acordaba de lo mismo que yo, de "la orden del tornillo", nos sonreímos, recorrimos cada sala contemplando los distintos cuadros y subimos a la terraza. Encontramos un lugar para sentarnos y tomar unos mates. La vista panorámica hacia el puerto era preciosa, empezaba a atardecer, el sol se reflejaba en el riachuelo. Compartimos un alfajor de chocolate. El me contó que había formado un grupo que ahora estaba disuelto, yo de mi tesis inconclusa. No se cuándo empezamos a hablar de música. El sacó su mp3, cuidadosamente, me corrió el pelo del hombro. Puso un auricular en mi oído derecho, él se colocó el otro, en su oído izquierdo. Sonaba la misma canción que elegí cantar en la muestra de fin de año. El comenzó a susurrarla: “Ando ganas de encontrarte, cuánto lejos que estás de acá...” Me animé a sumarme recién en la segunda estrofa. Nuestras voces armonizaban perfectamente. Estábamos encadenados por el cable de los auriculares, congelados para que no se caigan, detenidos un instante en el tiempo, mirando hacia el frente. Las estrellas se confundían con las lucecitas lejanas de los edificios del bajo de Buenos Aires. Tan cerca del cielo, tan lejos de la tierra.


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Aurelia en: "Al respirar propongo ser quien ponga al aire que al inhalar te traiga el mundo de esta parte"


"Once", John Carney, 2006.

Fue un domingo raro. El día anterior me había acostado con un listado de cosas que tenía que terminar, de las cuales pude sólo con una. No me podía levantar de la cama. Estaba al borde de la depresión, me asusté, me vestí neutra, cuando me siento así no me va el dramatismo del negro, ni los colores brillantes; desaparezco. Me uniformé para mezclarme en la calle, íbamos todos vestidos igual.

Estaba nublado así que fui a una librería. Como una ostra con patas, me pasé media hora buscando algún libro de Caparrós. Lo busqué en la C de escritores argentinos, después me fui a periodismo, por las dudas pispié el estante de historia, hasta que en un esfuerzo sobrehumano, le pregunté al vendedor, que con un desinterés cruel, me contestó que no tenían nada. Me duelen cosas insignificantes, como la evidencia misma que una librería se convierta en un shopping. Fui ahí porque ese edificio tiene magia en los huesos, antes fue un teatro y después un cine donde iba con mi hermana a las trasnoches.

Supongo que el sillón Chesterfield ahora no alcanza, como tampoco la tarteleta de frambuesas y chocolate blanco, cuando no encontrás eso mismo que fuiste a buscar, solo sirve para pasar el rato.

Me perdí en los pasillos, buscando. Caminé por las bibliotecas, intentando recordar el nombre de la autora de “Los suicidas del fin del mundo”. Me crucé dos veces con un chico que me miró a los ojos. No entendí, era posible que me hubiera olvidado de peinarme. La tercera vez no alcancé a esquivarlo, me pregunta: ¿Vos hiciste un taller de canto? Estoy lenta, me sorprende. Agrega: No sé si sos vos, en el "Rojas", quizás es de ahí de donde te conozco. Sonrío. Sí -le contesto- un par de años atrás, “antes de Cristo”.

Ninguno de los dos se acordaba el nombre del otro. Él ahora tenía barba y ocho años más. Repasamos, cambiamos teléfonos.

Después de un mes redondo, me llama. Ayer, domingo de nuevo, a la nochecita, casi me había olvidado. Quedamos para hacer algo durante la semana, vamos viendo, por lo pronto nos agregamos en el msn, puede ser un desastre, o no, tanta ambigüedad.

Me acosté pensando en lo que me acordaba de él:

Que se ponía rojo cantando, parecía que la vena del cuello le iba a explotar. (Una onda Eddie Vedder) Recuerdo un ejercicio de respiración que nos tocó hacer juntos. Estábamos parados uno frente al otro. Nos teníamos que levantar las remeras y sentir el recorrido de la respiración del otro.

Mi mano estaba apoyada en su ombligo. Su mano sostenía mi vientre. Nos turnábamos en silencio. Sentía como se embriagaba de aire en el pecho y lo trasladaba en una lenta exhalación, buscando reubicarlo en otro lugar, hacia su centro, hacia su panza. Comenzamos a transpirar, quizás de la vergüenza. Era una sensación un tanto extraña sentir el calor de su mano en mi cuerpo, teniendo la plena conciencia del otro en la piel. Sentir el recorrido del aire en mi cuerpo y de su mano apoyada sobre mí. Observar su vientre desnudo y sentir su respiración en la palma de mi mano.

Ahora me pregunto qué es lo que él recuerda de mí.



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Aurelia en: "Fuera de concurso"


"Amelie", Jean-Pierre Jeunet, 2001.


De día me convierto en pólvora.

De noche entro en estado gaseoso.

Me disuelvo.

Debería encontrar otro momento para escribir que no sea la madrugada del lunes.

Sería todo muy distinto.

Cada estrella me trae una pregunta. No me fumé nada. Ya quisiera. Es sólo otro estúpido desafío para encontrar respuestas.


¿Qué es la espera? Es subir a la Montaña Rusa y descubrir que es plana, sin ninguna loma.

¿Qué es la angustia? Es cuando los ojos y el corazón se anudan en la garganta.

¿Qué es la injusticia? Es la maraña del ovillo enredado.

¿Qué es la alegría? Es el momento en el que explota la piñata y llueve papel picado.

¿Qué es la calma? Es distinguir la brisa del viento.

¿Qué es la nostalgia? Es reanimar la confusión de una despedida.

¿Qué es el poder? Es subir al podio con un inmenso garrote.

¿Qué es la tristeza? Olvidarse.

¿Qué es la locura? Es el fuego azul que se cuela en la totalidad del rojo de una hornalla.

¿Qué es la ansiedad? Es un monstruo atrapado adentro de una pulga.

¿Qué es el amor?

Aurelia en: "Invierno"


"Stella", Sylvie Verheyde, 2008.


Recuerdo, cuando tenía 10 años y no había estudiado la lección, acostarme en la cama angustiada rezando por favor Diosito, por favor Diosito, por favor Diosito, que mañana la maestra ciruela no me haga pasar al frente. Era un pedido desesperado, ya sabía que papá Noel no existía, que los unicornios eran un invento mitológico, que el mago del cumpleaños tenía los trucos escondidos. Que no existía la magia en ninguna de sus formas. Sí, la realidad siempre fue una mierda. Y para ese entonces todavía no conocía la diferencia de ser atea con agnóstica, pero la intuía.

Además de la ola de frío, ayer llovía. Salí para el trabajo y me empapé esperando el colectivo. Por más que deseaba que viniera no llegó. A pesar de que soñaba con un espacio más calentito, la cara se me heló por el viento. Me tuve que tomar dos colectivos para no llegar tarde. Me empapé. Se me dobló el paraguas luchando contra el viento, se rompió el mango. Quedó inservible. No pude tirarlo, yo misma le había pintado unos lunares rojos con acrílico en una noche de insomnio.
Estoy perdida entre lo posible y lo inimaginable. Tengo miedo de haber perdido la capacidad de soñar. Hoy siento que necesito que seas mas concreto. Que me abraces, para que llegue la primavera.

Aurelia en: "De amor y otros demonios"


"Naked", Mike Leight, 1993.


No tuve una buena semana:

Pasado pisado:

Fui la única responsable de mi fracaso. Estaba tan pesimista como si me acabara de morfar un sandwich vencido de Leberwurst Nichtecheano y roquefort Sartreano. Vomité hasta sentir la bilis en la lengua. Me gustaría echarle la culpa al perro que no tengo, a mi padre que murió cuando empezaba a caminar o a mi madre que enfermó de cáncer cuando vine a Buenos Aires. Pero están muertos. No tengo a quién porque soy huérfana.


Presente instantáneo:

Tengo anemia, quizás sea la fuerza centrípeta que me empuja al suelo. De pronto se pincha el globo y Argentina pierde. Justo ahora que remonto vuelo. Consuelo me dice: Inventáte un universo paralelo donde Argentina gana el mundial.

Arremeto: "Mascherano la toca para Messi, lo encierran tres alemanes, se abre y pisa la pelota para Tévez, Tévez da pelea a Klose que le tira el cuerpo, Tévez es más que el alemán, pelotazo a Higuain que está habilitadooo!!!! se para y GOOOOOOOL! Higuain la clava en el ángulo derecho y la rompe. Ni siquiera se acomoda! Pelotazo de Higuain! Los alemanes lloran!"

Messí la mete en el segundo tiempo. Festeja el gol con Maradona. Las dos potencias salen corriendo a su encuentro: "Al fin moja el pibe! Messi se le cuelga a Maradona haciendo el Koala. Se dan un pico. Si señores cuánto amor! se destrozan la boca! Qué festejo!!! Maradona le toca el culito al hijo pródigo." Ahora sí está definido el partido. Podemos respirar. Los alemanes se deprimen asqueados. La Argentina le gana a Alemania dos a cero y se gana el merecido boleto a la semifinal.

A pesar de remarla con las chicas, el sábado deambulamos como zombies.


Futuro descompuesto:

Tendría un nuevo amigo que me quemaría el cerebro. Él sería más fabulador que yo. Alcanzaría a comprenderlo, demasiado, naturalmente. Supongo que le quedaría bien esta canción:


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La verdad duele y por este momento de lucidez, sería capaz de enfermarme.

Aurelia en: La magia del facebook

"La ventana indiscreta", Hitchcock.

Tengo un inconveniente. No tengo ninguna novedad con el tema de la oxitocina. Así que te hablo del partido de ayer y como le daría matraca a Tevez (Sí: fue posición adelantada. No: tampoco entendí porqué Diegote te sacó en el segundo tiempo). O mejor, te miento descaradamente.

No, prefiero la honestidad brutal, para eso me convertí en psicópata -cualquier duda sobre mi enfermedad preguntar por interno en el facebook- Así que... me detuve pensando en esa ilusión que es el estado de enamoramiento. Ese engaño maravilloso. Dicen que uno proyecta en la persona que ama cosas que a uno le faltan, de ahí la sensación de complitud. Ilusión, proyección y magia. El cine comenzó así, Melies fue actor, director de teatro y mago, sus películas se presentaban en el circo como un acto de magia. El fue el primero en crear trucos con algo que se parecía mucho a una cámara fotográfica. Y así estamos ahora, en la era del facebook. Desparramando fotitos y contando la historia de nuestras vidas. De apoco te muestro esto, te cuento que música me gusta, que veo, que leo, que pienso. Te la cuento a vos que me gustó tu perfil, a mis amigos, a ese amigo de un amigo, a un excompañero, a un pariente lejano, a cualquiera que se asome a "la ventana indiscreta". Y en realidad me pregunto si necesito un auditorio. Pienso que siempre me gustaron los álbumes de figuritas, intercambiar las que me faltaban en el recreo, adornar las agendas, dibujar en los diarios. Y no, claro, esto no sería lo mismo si no sintiera curiosidad en lo que te gusta a vos. Porque definitivamente, esta es una historia que podemos construir en conjunto. Juntos.


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Aurelia en: el club de los cinco

"The Breakfast Club", John Hughes. 1985


Todo en mi vida es retro. Y encima este blog no ayuda. Para hablar del amor y sus intentos tengo que revolver la estantería. Estoy en el punto donde me vuelvo ninfómana o monje. Situación actual: dos partidos de la selección sin hacer cucharita. Okay, tuve sus prospectos, pero vencieron en el momento que no interpreté las señales de humo. No estoy siendo justa. Las interpreté, no era lo que yo quería. Quiero que la otra persona me llame primero, que no le de lo mismo cualquier otra, que se muera de ganas de conocerme, que esté decidido a compartir algo conmigo. Y no estoy hablando sólo de los gastos de la cena, sino de los gestos, que alcanzan y sobran. Ya pasé por el momento de dar el primer paso y no funcionó. Recibo una respuesta inmediata que luego se diluye en el tiempo… y en una amable cortada de rostro.


El odontólogo:

No estoy preparado para verte, somaticé y me enfermé.

El librero que se me apareció sin anestesia, un día en el trabajo:

-No puedo creer que pasó un año desde que nos vimos, te llamo cuando termine de rendir. (A los tres meses le mandé un mail para invitarlo a un taller y me contestó disculpándose, que estaba en Francia haciendo una Maestría)


Así que, aprendí a manejar el rechazo (que asco, este post se parece a una novela de autoayuda) digo, que comprendí que no era el momento. Entendí, después de un tiempo, que yo no era el problema, que era o seguía siendo una mujer atractiva. Simplemente no se había dado. Es complejo sobreponerse cuando uno siente que puede tocar con la punta de los dedos algo de magia. Pero supongo, que esa ilusión se da tan seguido como uno quisiera. La diferencia existe, cuando tenés un copiloto que no tiene ninguna duda de acompañarte a saltar hacia el barranco. Y que comparte la misma adrenalina que genera el Romanticismo. Pasión por la vida.

Este post está dirigido en primer lugar a todos los Románticos que pasan por esta ventana y se detienen un ratito a escuchar, gracias! Y a mis queridas amigas, Antonia, Consuelo, Mariela y Laura, porque las quiero y nos acompañamos, en esta locura que es el encuentro en el after hours, casi como en el club de los cinco. Y mañana nos juntamos a ver el partido de la selección Argentina!Vamos todavía!!!

Aurelia en: el amor es un enano verde en un cráter de Plutón

A esta altura ya debería saber qué es el amor. Pero no tengo idea. Hace un par de años cuando volví a la estratosfera quise reencontrarlo leyendo el “Banquete de Platón”, y ahí estaba, vivito y coleando como cuando lo dejé antes de perder mi virginidad. Lo releímos con Mariela, lo comentamos y suspiramos juntas. Después de la vuelta al ruedo y chocarme con la cruda realidad me compré “Amor líquido” de Bauman. Necesitaba que alguien me diera una respuesta, una evaluación del contexto. Quería saber porqué después de pasarla bien con un tipo no me volvía a llamar. Y aprendí que hay una tendencia a elegir la novedad, que los hombres todavía tienen miedo a la castración y que las relaciones se evalúan como si uno tuviera que comprar una propiedad: Costo + beneficio. Fue entonces que sin nada en el panorama apareció Ramiro (con novia) tirándome todos los galgos en cuanta oportunidad existiera. No funcionó. Me deprimí leyendo “La potencia de existir, manifiesto hedonista” de Onfrey y me di cuenta que el tipo era un turro. Bueno, así estamos.

El tema es… más allá de que crea que existe ése hombre, en algún lugar, perdido entre la multitud... Me identifico con las películas tristes. No creo en las comedias románticas y menos si tienen un final feliz. No las siento. Me quedo mil veces con “Adiós a las Vegas”.

Foto: "Leaving Las Vegas". Mike Figgis.


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Aurelia en: "Los míos, los tuyos y los nuestros"

"Easy Rider" Dennis Hopper

Odio el domingo a la noche cuando se acaba. Odio el lunes.
No sé esperar. La cabeza se me enquilomba durante la semana y después lo arruino todo a último momento. Como hoy que me decidí a escribir sobre esto.
Tengo un hueco en el alma que me perfora y se me confunde con la gastritis. No puedo parir. No me puedo volver a enamorar de mi trabajo. No me engancho con la tesis. Voy a dar a luz a un elefante deforme. Nunca me imaginé casada. Me imaginé con hijos adoptados, desde los 18 años. La segunda terapeuta me dijo que tenía muchas cosas que corregir, una era el concepto de familia. Me preguntó cómo veo al hombre ideal, y en vez de contarle la fantasía del panadero que te amasa como nadie y te despierta con medialunas, le conté la del sonidista que me acompañaba a recorrer el mundo haciendo documentales. Me contestó algo enojada que yo no quería una pareja sino que buscaba un compañero de trabajo. Yo ya venía de otro hijo que me había quedado trunco, entonces me pidió mi último corto para analizarlo, era chiquitito, chiquitito, como una libélula, como dos libélulas -no mejor- una libélula y un avispón verde: era una historia de amor. El corto estaba narrado a base de imágenes, porque no tenía un peso. Entonces empezó con que el corto era mudo, que yo no me permitía hablar. Nada que decir.
Qué boluda, no sabe lo difícil que es encontrar a un sonidista.
Yo no necesito un marido, quiero un compañero de aventuras. Quiero volver a sentir que no tengo techo. Quiero un Easy Rider.


Aurelia en: "Transplante de corazón"


Tengo que preservar mi corazón. Cubrirlo con hielo, guardarlo en la heladera. Freezarlo. Marcarle con un fibrón negro a base de alcohol la fecha sobre el estuche. Tampoco quiero que se me eche a perder. ¿Cuánto aguanta la carne sin pudrirse? ¿6 meses? No sé. Supongo que me alcanza. Tengo que terminar la Tesis, tengo que conseguir un trabajo estable. No me puedo distraer con ilusiones por el momento. Las ilusiones me hacen perder el foco, las desilusiones me aplacan. Tengo repleta una mochila de 65 kilos sobre la espalda, y no es problema de ropa, es pura inconsistencia esperanzadora.

Me saco el corazón. Lo extirpo. Tampoco es tanto tiempo, nunca viví sin corazón… supongo que nadie se dará cuenta. Mucho menos viviendo en Buenos Aires perdida en la multitud, aprovechando el frío del invierno para que mi rostro pálido pase desapercibido.

Listo.

Te aviso-por la dudas- “Amor Idealizado”: no aparezcas. No te atrevas a acercarte. Sólo tengo espacio para el “amor carnal”, es lo único que necesito para la rehabilitación de mi corazón.

Amor concreto, amor pasional para reavivar a esta muerta-viva.