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Musiquita de sábado por Consuelo

Lo que más me gusta de esta canción es que no puedo escucharla sin mover alguna parte de mi cuerpo.



Bonito sábado para todos!

Consuelo en: "Juan y yo (parte II)"

"(500) Days of summer"

Dir: Marc Webb
2009

Aterrizamos en Buenos Aires con ambos teléfonos agendados. Se llama Juan. Nos despedimos en la parada de taxis luego de acordar ir al cine el jueves a la noche.
Llego a casa, me hago un té, salgo al balcón y (a pesar del frío) la ciudad ya no me resulta hostigadora.
Juan me llama al otro día (a mi teléfono fijo) y charlamos casi una hora. Yo estoy sentada en el piso del living enroscando el cable entre los dedos. Me siento feliz. Decidimos seguir el ritmo de la ciudad que se va vistiendo de infantiles y vamos a ir a ver Toy Story 3 en 3D (con la promoción de pochoclos incluida).
El jueves pasa tranquilo. Me toca el portero y nos vamos al cine. Éramos dos niños más dentro de la sala. Nos reímos a carcajadas.
La noche estaba fría. Me invitó a tomar vino a un bar hermoso que no conocía (creo que ahí me conquistó).
Pasamos horas adentro del bar entre vinos, empanadas y anécdotas. Me llevó hasta casa, lo invité un café y mientras esperábamos que la cafetera hiciera lo suyo me besó.
Juan amaneció el viernes abrazando mi cintura. Me puse a preparar mate y tostadas. Él bajó del auto su cámara y su computadora. Mientras él editaba sus fotos, yo leía mi libro de Simone de Beauvoir y cebaba mates.
No seguí la regla de mi amiga Lía, no esperé a la tercer cita antes de. . . Quizás me esté inmolando otra vez, tal y como me lo prohibió mi amiga Olivia. Ó quizás tengo suerte y soy la excepción a la regla ó la pólvora esté húmeda y esta vez no explote.

Consuelo en: "No puedo con mi genio"



"Antes del amanecer"
Dir: Richard Linklater
1995






Mi vuelo salía a las 11: 30 am, yo haciendo un esfuerzo sobrenatural llego una hora antes para hacer el check in a tiempo.
Los aeropuertos me desesperan (ya se los conté al principio), a 15 minutos de tener que subirme al avión que me devolvería a la furia de Buenos Aires (horas pico, transportes públicos, morocho-equivocado, tus ojos coca-cola, morocho TRE-MEN-DO que llama, llama y llama; y yo por primera vez en la vida, sin saber muy bien por qué, no contesto), me cancelan el vuelo.
Acto seguido. . . puteo en arameo! Pero como los aeropuertos me bajan las defensas, me siento muy agotada para pelearme con cualquier empleado que obviamente no va a darme ninguna solución que me contente.
A la media hora viene un empleado a avisarnos que el próximo avión sale a las 17 horas.
Automaticamente pienso en el bajón de estar tantas horas ahí dentro, viendo llegar e irse gente, parejas llorando, amigos despidiéndose hasta la próxima. . . Lo suficientemente afectada y sin ningún número (que sepa que va a contestarme un mensaje de texto) más que el de mi madre me voy a perder tiempo al baño; juego con el sensor de humo, con el inodoro que es tan pro que el agua se tira cuando vos salís (y creanme que no se como hace pero aunque estés contra la pared o en el piso, no tira el agua), charlo con mujeres que tienen suerte porque su avión está a punto de despegar, etc. etc. etc.
Como no soy taaaaan mala persona, en medio de tanta cagada de día, apareció él. Alto, barba desprolija, mochila al hombro y el "Lobo estepario" de Hermann Hesse entre las manos (si, sé que el libro conflictuadito debería restar un poco, pero yo no soy quien para juzgar).
Está llegando tarde, se lo ve apurado, mira sin mirar. Me hago la boluda total, me paro cerca, lo miro, me mira y me dice -"¿Tenés idea cual es la puerta 5?", - "Si, la mía" (oouuuch) . Quiero decir, la misma que la mía. El vuelo se canceló, hay que esperar hasta las 17". Me doy media vuelta y empiezo a caminar hacia las sillas, él viene atrás. Nos sentamos y me pregunta, - "¿Sos de Buenos Aires o vas de visita?", le respondo - "Vivo en Buenos Aires, pero a veces me siento de visita", se sonríe. Charlamos un poco más, descubro que vivimos en la misma ciudad, que es fotógrafo, que le encanta el cine y que quiere aprender a bailar tango.
Los dos miramos el gran ventanal que nos muestra la llegada y la partida de los aviones. Me pregunta si me gusta leer, asiento con la cabeza, le digo que vi su libro de Hesse, que lo leí y que recuerdo el bajón. Asiente con la cabeza y pregunta qué estoy leyendo, saco de mi bolso "La mujer rota" de Simone de Beauvoir y nos largamos a reír.