
Abrí un cajón de una cómoda y me encontré con una foto mía amarillenta y roída por el tiempo. Me contemplé durante largo rato porque no me reconocí. En la reproducción de la representación estática y estética de mi persona podía advertir que, en aquel entonces, tenía la mirada de quién cree tenerlo todo por delante. El corazón se me replegó. Hoy el espejo no me devuelve esa imagen de conquistadora de las tinieblas que solía tener. Casi cometo el crimen- gracias a las posibilidades tecnológicas- de sacarme una foto y compararlas. Un rapto de sensatez me detuvo, por suerte. Lo último que necesito en este momento de epifanía es además confirmar que no tengo la frescura juvenil y que el paso del tiempo ha sido cruel.
No fue casual que me encontrara con esa foto. No existen las casualidades. Hace tiempo que no soy yo misma. Hice un repaso general de mi vida desde que me separé de mi Ex. Recorrí mis últimas relaciones, desde el vínculo enfermo con Amigo-De-Un-Amigo-De-Un-Amigo, pasando por el suicidio emocional con Amistoso-Turista-Español, a la estupidez de Pseudo-Compañero-De-Trabajo, y por ultimo, mi momento actual de carencia absoluta de afecto y coherencia.
No sé qué fue, si la foto, el encierro o mi delirium tremens, pero todos me llevaron a tomar una determinación: me voy. Me voy un tiempo. No sé a dónde; no sé cuándo vuelvo. Necesito una resurrección. Necesito perderme para volver a encontrarme. Necesito silenciar esas voces que me atormentan, que no se callan. Necesito que dejen de gritarme en mi cavidad craneal y que el eco me ensordezca, para que empecemos a dialogar todas las Lauras y yo.
(Nos vemos en la próxima vida, diría el Irlandés.)
Esto no es un punto y coma; tampoco es un punto final. Es un punto y
aparte.
O a lo mejor, solo sean puntos suspensivos… … …
[ Foto: Una novia errante, de Ana Katz ]
Me pudrí. Me pudro con mucha facilidad. A los cinco minutos de cualquier cosa mi vumetro de tolerancia se pone en rojo. Soy constante en la inconstancia, pero sufro de una amnesia temporal por lo que siempre recomienzo el ciclo.
Me aburro de mi corte de pelo, del colectivo que me tomo, del trabajo rutinario, de comer milanesitas de soja, de ver mis cosas de mudanza aún embaladas, de ir y venir.
Me canso de la moda, de los desfiles simétricos de indumentaria, de comprarme ropa roja, después negra, después verde, después naranja, después azul... y después roja de vuelta.
Me fastidian los bares “modernosos”, donde pasan una música horrible y el fernet te lo preparan con vomito-cola; donde tengo que salir a la puerta a fumar y para colmo escuchar las frases berretas de imbéciles sin imaginación.
Me harta hasta a coronilla embroncarme con el género masculino porque me engancho con lo peor del exponente. Esos especimenes que sus vidas están repletas de estados de facebook “es complicado” (¿qué es lo complicado, me pueden decir?), esos que tienen excusas de nene de 5 años que todavía se limpia los mocos en la pollera de mamá, o que ponen kilómetros de distancia y silencios gélidos entre ellos y vos.
Pero por sobre todo, me cansa estar cansada. No me soporto. Me pudre estar podrida. No me banco a mi misma.
Así que, así como ASÍ, decidí no estar más cansada. No escucharme tanto. Hacer caso omiso a todo eso que ya sé que me pudre el cerebro de forma tal que prácticamente puedo escuchar a mis neuronas suicidarse dentro de mi cabeza. Entonces, desembalé mis cosas, me cambie el corte de pelo, abandoné las milanesas de soja, me compré un vestido violeta que “no se usa”, me tome un taxi, fui a un bar que me gusta, solicite que pasaran uno de mis temas musicales, le dije al barman “Deja, que el fernet me lo preparo yo”, me fume un cigarrillo dentro del establecimiento, me dio lumbre Morocho-Infernal-Que-Raja-La-Tierra, y sin mediar demasiada conversación- con el cigarrillo aún encendido- cruce la puerta del lugar del brazo del muchacho y me hundí en la noche.
No me importa nada. Todo esto me va a durar otros cinco minutos. Mientras tanto, soy la gran simuladora.
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[ Foto: Batman Returns, de Tim Burton ]
Estamos llenas de palabras y hay cosas que no decimos.
Estamos repletas de acciones y hay decisiones que no tomamos.
Lo que queremos hacer… lo podemos hacer… lo que nos permitimos hacer.
Esperamos y esperamos… esperando que la certeza nos inunde.
Las razones-racionales sobre los deseos-pasionales.
Me basta media certeza; quiero que me repitan una vez más por que SÍ debería hacerlo… y bajarme de ese auto, aún en movimiento.


