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Antonia en: Sueños


Había soñado toda la noche con él. La situación siempre es distinta pero el final siempre el mismo. Algunas veces estamos en una película de acción y somos los perseguidos. Corremos mucho. Nos agitamos. Y en un momento se me aflojan las piernas. Siento miedo. Cuando al final logramos “estar a salvo”, me toma de la mano, me agarra la cara y en el momento exacto cuando me está por besar… sí! Me despierto… Me despierto angustiada, triste… Otras veces escalamos alguna montaña. Estoy a punto de caerme, me toma la mano, “me rescata” y pum! Siento que caigo al vacío y me despierto. Otras estamos en el mar, en algún barco, hay olas gigantes, nos mojamos, caemos al agua y ahí plop! Ganas de hacer pis… chau sueño… Nada de "Titanic"…. Siempre es así…

El psicólogo me dijo que “son cosas sin cerrar”, “situaciones que no quiero afrontar”… ¡Qué novedad! Esté psicólogo sí que sabe eh!!! Necesito cambiar de terapeuta o… realmente resolver las cosas…

Me gustaría no soñarte o que el sueño termine de otra forma o (¿vivir en un sueño?) Ah, claro eso no se puede... La verdad no sé… Es más fácil soñarte y no resolverte, que enfrentarte y no saber que va a pasar… Tengo miedo de no volver a encontrarte, ni acá ni allá, ni en mis sueños ni en mi realidad…


"Matrix" de Larry y Andy Wachowski

Laura en: Insomne Zombie


Estoy desvelada. Otra vez tuve ese sueño. Hace tiempo que tengo un sueño recurrente.

Es verano y hace calor. Creo que es el ocaso, porque puedo ver los últimos rayos de sol. Estoy en el campo. En medio de la nada hay una larga mesa servida que no espera a los comensales, sino que evidencia su paso: hay copas de vino servidas, platos sucios y cáscaras de nueces sobre la mesa. Esos rayos de sol ámbar se filtran por entre las copas, volviendo el entorno de una luz borrabina. A pasado una fiesta, no sé si un cumpleaños. Una brisa se levanta y las copas tintinean unas contra las otras hasta que finalmente caen sobre la mesa; las cáscaras de nuez se vuelven pequeñas embarcaciones surcadoras de esos ríos color rojo, que como sangre, se abren paso en ese blanco paño de lino. Es ese mismo viento el que se enreda en mi pelo. Siento el calor en la piel; la brisa me acaricia los brazos desnudos. Llevo puesto un vestido azul. Me veo a mi misma. No sé dónde estoy. Levanto la vista. Una mujer anciana está ahora sentada en la cabecera de la mesa. Nos miramos, ella me sonríe y eso me tranquiliza. Le devuelvo la sonrisa. No la conozco, pero siento que hay afecto entre las dos. Todo a mi alrededor me es extraño, pero algo me dice que estoy en el lugar correcto. Alguien, por detrás, me abraza. Es un hombre. Sentir el calor de su cuerpo contra el mío es como llegar al hogar. Entrecierro los ojos. Él me besa en el cuello. Yo sonrió como- aparentemente- lo he hecho muchas veces antes. Giro para verlo a los ojos, para besarlo en los labios y abrazarlo apropiadamente, cara a cara. Las embarcaciones de nuez llegan al borde de la mesa y caen, huérfanas, en la tierra seca. Antes de completar el giro me despierto.

Tengo este sueño una y otra vez; y una y otra vez me despierto antes de verlo.
No es un recuerdo ni una premonición.
No sé quién es Él, no sé qué lugar es, no sé quién es la anciana, no tengo un vestido azul.
No sé por qué vuelvo a tener éste sueño.
No sé por qué- una vez que me despierto- no puedo volverme a dormir.
De todo solo sé que reconozco ese abrazo a medias. Eso que me cala hasta los huesos y me hace sentir como una pieza de rompecabezas que va de brazo en brazo buscando encontrar la parte que le falta hasta completar ese abrazo inconcluso… ese abrazo roto.
Quizás solo así pueda volver a dormirme…



[ Foto: 2046, de Wong Kar Wai ]




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