Mostrando entradas con la etiqueta hombres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hombres. Mostrar todas las entradas

Laura en: Yo, la peor de todas.

Esta mal visto tener fantasías sexuales. En realidad no esta mal visto tenerlas, sino decir que una las tiene. Esta mal visto hablar de ellas, proclamarlas en voz alta, comentárselas a una amiga, decírselo a la pareja oficial o circunstancial. Esta mal visto pensar en qué te gustaría hacer y qué te hagan, en el plano sexual. Esgrimir cómo tener más placer o imaginar qué podría proveértelo, esta penado por la ley de los supuestos-buenos-modales. No es correcto imaginarse situaciones, posiciones, artilugios, contextos, ni acompañantes fuera de lo tradicional, fuera de esa regla tácita que dice que todo lo que no sea “nena + nene + posición misionero” es una perversión.

Yo tengo muchas fantasías. No se si tengo una imaginación fecunda o una libido desbordada, pero siempre tuve en claro que había un mundo sexual que pasaba por mi cabeza que no podía exteriorizar por dos motivos: primero por que me convencieron de que estaba mal hacerlo; y segundo porque- consecuencia de lo primero- no sabía como plantearle el tema a mis parejas sexuales. Creo que prácticamente podría abrir un Video Club con las “películas” que me hago en la cabeza. Tengo un surtido temático que va desde las Romanticas con atardeceres en la playa, a las películas de Acción, donde luego de una persecución y al cobijo de la noche, en medio de la calle sucede de T O D O. Otras son Épicas, y recorro alguna aventura digna de un vestuario de época elaborado; alguna que otra es un Policial Negro, donde interpreto a una femme fatale que seduce sin saber bien por qué. Películas de Cine de Autor, que reflejas mis deseos más personales, y Películas Populares, que reflejan deseos compartidos por la mayoría de la gente (o al menos es lo que yo supongo).

Seguramente mi video club tendría muchos adeptos que, ocultos como yo, también me confesarían que tienen fantasías y que les avergüenza admitirlas. Lo triste es que no encuentro alguien que quiera ver estas películas conmigo. Quizás porque la magia del cine esta en ser ese objeto perfecto e inalcanzable. Por suerte, algunos pueden volcarse en imágenes. El resto, seguimos imaginando en la oscuridad...


[ Foto: “Yo, la peor de todas”, de María Luisa Bemberg ]

Laura en: Doctor, (no) tengo un problema…


Cómo no sé que hacer ya con mi vida, me someto a la estupidez colectiva de hacer un test. Reconozco que me llegó en el momento justo y que el título de “¿es usted una persona adicta al sexo y el amor?” tenía gancho.

Pregunta: ¿Ha tratado alguna vez de poner un límite o un freno a sus actividades sexuales?
Respuesta: ¡Pero más vale que no! Si “la actividad sexual”, como usted lo define Sr. Test, está buenísima, ¿por qué querría ponerle un límite?
Pregunta: ¿Ha tenido relaciones sexuales en momentos, lugares o con personas poco adecuadas?.
Respuesta: Bueno, esa es una pregunta un poco intima, ¿no le parece?; no quiero ventilar mi privacidad… pero sí. Digamos que “sí” y “sí”
Pregunta: ¿Ha tenido o tiene relaciones sexuales sin pensar en las consecuencias?
Respuesta: ¡Ah, claro! El Sr. Test seguro que siempre piensa en las consecuencias antes de encamarse. Así seguro que se levantó a la Sra. Test. A ver: si supiera que los imbéciles después no me van a llamar no me acostaría con ellos; pero no tengo la bola de cristal.
Pregunta: ¿Reincide en relaciones sexuales que no le convienen?
Respuesta: Me parece un poco prejuicioso de su parte que me diga que querer volver a ver a un tipo que es evidentemente un tarado se lo pueda definir como “reincidir”. Diferenciemos “reincidir” de “seguir participando y ganar” y le empiezo a responder…
Pregunta: ¿Le resulta imposible dejar de ver a una persona concreta aunque sepa que esto le perjudica?
Respuesta: No entiendo la pregunta. Yo estoy siempre bien. A mi no me perjudica en lo más mínimo volver a ver a Persona-Concreta.
Pregunta: ¿Cree que su vida carecería de sentido sin enredos amorosos o aventuras sexuales?
Respuesta: … … … bueno, ehhh… no sé.
Pregunta: ¿Cree que los problemas que experimenta en su vida amorosa se deben a que no disfruta del tipo de relación sexual y amorosa "adecuada”?
Respuesta: Ehmm…
Pregunta: ¿Cuando está separado de su pareja sexual, le invaden sentimientos de inquietud o desesperación?
Respuesta: Bueno, ¿sabe qué, Sr. Test? Esta bien: sí. Sí. Me invade la inquietud de saber que carajo está haciendo que no esta conmigo. Me desespero mirando el teléfono pensando “¿por qué no me llama?”. Me inquieto, me salen canas y me tomo todo el té de melisa para compensar.
Pregunta: ¿No considera que su conducta en el terreno sexual y amoroso no es acaso tan absurda como machacarse la cabeza contra un muro?. ¿No termina agotado?
Respuesta: Ahora que me lo pregunta de esta manera le tengo que decir que sí, es verdad. Me doy la cabeza una y otra vez… Y no termino agotada: termino exhausta.
Pregunta: ¿Le resulta imposible concentrarse en otros aspectos de la vida a causa de pensamientos que tiene por otra persona o por el sexo?
Respuesta: Perdón, me distraje pensando… en otra cosa.
Pregunta: ¿Le obsesiona alguna persona o algún acto sexual concreto aunque estos pensamientos le ocasionen dolor, ansiedad o malestar?
Respuesta: ¡Sí!, ¡ya le dije que sí!...
Pregunta: ¿Cree que su vida es un caos a causa de su conducta sexual y romántica o de sus excesivas dependencias emocionales?
Respuesta: … sí.
Pregunta: ¿Cree que, haga lo que haga, su vida es cada vez más insoportable, cómo una espiral de descenso a las profundidades del caos?.
Respuesta: … … … …

Leo el pie de página: Si ha contestado a más de una de estas preguntas con un sí y considera que sus actividades sexuales, comportamiento romántico o enredos emocionales pueden ser sospechosos, consulte a un especialista.

¿En serio?. ¿Todas estas preguntas para que al final me digas esto?. No necesitaba que este decálogo de preguntas de mierda me hiciera sentir peor para darme cuenta que tengo que ir a ver a un especialista. ¿Busco a un doctor?. Lo estoy pensando. Creo que… que…
A la mierda las preguntitas y el especialista: yo llamo a algún Amigo-con-beneficios que me levante el ánimo y listo. Problema resuelto.


[Foto: Basic Instinct, de Paul Verhoeven ]

Laura en: I can't get no satisfaction

“- ¡Pero si estas en tu mejor momento!” me dijo una amiga entre sorprendida e indignada de tanto escucharme quejarme. “¿Sí?... ¿pero cómo puede entonces ser éste mi mejor momento si yo me siento para el orto?”, le contesté.

En teoría todo indica que me va tan maravillosamente bien como en las tapas de las revistas de la farándula: espléndida, con sonrisita kolynos, pelo al viento, éxitos profesionales, familia, amigos y la mar en coche. Y así y todo, con sonrisita de cartón pintado incluida, nada me sienta bien y ando peor que nunca. No es que esté más violenta que de costumbre; eso sería normal. Tampoco estoy como Blanca Nieves cantándole a los pajaritos que me traiga un novio. La cosa es mucho peor: todo me importa bastante poco.


Que ironía: tanto que me quejé de los profilácticos emocionales que van por la vida cuidándose de no derrochar emociones, guardándolas vaya una a saber para cuándo (pero nunca se las dicen a una, nunca se les escapa un desliz de sentimiento), y ahora parece que la inmunizada soy yo, la que no puede demostrar sentimientos o emociones. Me da lo mismo comerme un apio que un asado de tira con papas fritas. Ya ni me gasto en peinarme a la mañana (¿para qué?). Ni me causan gracia las comedias ni lloro con las películas más desgarradoras. No tengo ganas de nada… de nada de nada.


La última frontera fue la semana pasada cuando salí con Un-Tipo-Cualquiera, fuimos a su casa, y el encuentro amoroso me produjo la misma emoción que leer el manual de procedimientos de un reactor nuclear. No experimenté ningún tipo de sensación. Tenía la cabeza en cualquier otro lado (literalmente, estaba pensando a que hora tenía que levantarme para pasar a buscar la ropa por el lavadero). Por primera vez en mi vida tuve que fingirlo todo: el antes, el durante, el durante durante, y- por supuesto- el después. Me escabullí de la casa con los zapatos en la mano y esperé en el palier del edificio a que alguien saliera para irme. Ni siquiera sentí el frió de la loza en mis pies mientras huía. Tampoco sentí ni pena ni lastima por el abandonado.


Mi amiga me miro horrorizada mientras le contaba que lo había fingido todo, y que nada me satisface en este momento, ni el sexo siquiera. “-¿Para qué fuiste a la casa?”, me preguntó con buen tino. Intenté armar una respuesta en mi mente; lo intenté y lo intenté... pero no le contesté. A medio camino ya no me dieron ni ganas de explicarle. Mi respuesta no la hubiera satisfecho.



[Foto: Ice Age, de Carlos Saldaña ]

Laura en: Como te digo una co’ te digo la o’

En estos últimos días distintas personas me dijeron que quizás soy un poquito patética. No sé cómo tomarlo… En mi vida me han dicho que soy “media rara”, me han acusado del clásico “loca de mierda”, y nunca faltó la oportunidad para que alguien se despache con el tradicional “¿y a vos quién carajo te entiende?”. Creo que de esas frases pre-fabricadas las he escuchado todas y seguramente la evolución epistemológica generará nuevas frases, las cuales- sin duda alguna- serán enunciadas en referencia a mi persona. Pero “patética” no estoy segura si es un halago o un insulto.

Una amiga me arregla una cita a ciegas (¿para qué voy a una cita a ciegas?, no sé). Voy. Por alguna alineación planetaria empiezo a hablarle a este completo desconocido. Sufro de incontinencia verbal y le cuento detalladamente toda mi vida sentimental, desde mi separación y reencuentro con mi Ex hasta la reincidencia con el imbécil que me dice esta-todo-bien. Me doy cuenta que me tengo que callar, pero no puedo parar de hablar. Sigo y sigo. Prácticamente lo aturdo, ni lo dejo omitir un comentario. De un momento a otro (seguramente arto ya de escucharme hablarle de otros tipos) me suelta en una oración la palabrita que empieza con “P”. Completo-Desconocido me dice, con evidente desgano: “¿pero no te parece que todo eso es un poco patético de tu parte?”.

A ver, paren un segundo: si la raiz es la palabra griega pathos, que sería algo así como «todo lo que se siente o experimenta, estado del alma, tristeza, pasión, enfermedad» etcétera; y la otra parte es el sufijo ico, que vendría a ser «relacionado con», ¿cuándo me dicen que soy “patética” más bien me están queriendo decir que soy algo que esta relacionado con todo lo que se siente?, ¿eso es el mejor insulto que se les ocurre, decirme que tengo sentimientos o que puedo generarlos?, ¿qué me están queriendo decir exactamente? O la palabra “patética” será otra cosa…

Pagamos a medias y nos vamos del barsucho sin siquiera intercambiar teléfonos, saludarnos o desearnos una buena vida. Es de noche en Buenos Aires y el frío se hace sentir. Camino sola y el viento me hace lagrimear. Pienso: ¿seré patética?... Frunzo el ceño y me secó las lágrimas apretando los dientes. No, no soy patética: es que estoy llena de sentimientos conmovedores e impresionantes.


[ Foto: Persona, de Ingmar Bergman ]

Laura en: ¡Basta para mi, basta para todos!


Me pudrí. Me pudro con mucha facilidad. A los cinco minutos de cualquier cosa mi vumetro de tolerancia se pone en rojo. Soy constante en la inconstancia, pero sufro de una amnesia temporal por lo que siempre recomienzo el ciclo.


Me aburro de mi corte de pelo, del colectivo que me tomo, del trabajo rutinario, de comer milanesitas de soja, de ver mis cosas de mudanza aún embaladas, de ir y venir.


Me canso de la moda, de los desfiles simétricos de indumentaria, de comprarme ropa roja, después negra, después verde, después naranja, después azul... y después roja de vuelta.


Me fastidian los bares “modernosos”, donde pasan una música horrible y el fernet te lo preparan con vomito-cola; donde tengo que salir a la puerta a fumar y para colmo escuchar las frases berretas de imbéciles sin imaginación.


Me harta hasta a coronilla embroncarme con el género masculino porque me engancho con lo peor del exponente. Esos especimenes que sus vidas están repletas de estados de facebook “es complicado” (¿qué es lo complicado, me pueden decir?), esos que tienen excusas de nene de 5 años que todavía se limpia los mocos en la pollera de mamá, o que ponen kilómetros de distancia y silencios gélidos entre ellos y vos.


Pero por sobre todo, me cansa estar cansada. No me soporto. Me pudre estar podrida. No me banco a mi misma.


Así que, así como ASÍ, decidí no estar más cansada. No escucharme tanto. Hacer caso omiso a todo eso que ya sé que me pudre el cerebro de forma tal que prácticamente puedo escuchar a mis neuronas suicidarse dentro de mi cabeza. Entonces, desembalé mis cosas, me cambie el corte de pelo, abandoné las milanesas de soja, me compré un vestido violeta que “no se usa”, me tome un taxi, fui a un bar que me gusta, solicite que pasaran uno de mis temas musicales, le dije al barman “Deja, que el fernet me lo preparo yo”, me fume un cigarrillo dentro del establecimiento, me dio lumbre Morocho-Infernal-Que-Raja-La-Tierra, y sin mediar demasiada conversación- con el cigarrillo aún encendido- cruce la puerta del lugar del brazo del muchacho y me hundí en la noche.


No me importa nada. Todo esto me va a durar otros cinco minutos. Mientras tanto, soy la gran simuladora.

.

[ Foto: Batman Returns, de Tim Burton ]



Laura en: Falsa Perspectiva.

Estoy un poco cansada. Cansada- como Lia- de llegar a mi casa y que este todo hecho un quilombo. Estoy cansada del plato único sobre la mesa a la hora de cenar. Estoy podrida de los estúpidos que viven su vida con una profilaxis emocional, teniendo miedo de lo que podría pasarles si se involucran con alguien (ATENCIÓN. Les aviso: no les pasa nada, eh... no se van a desintegrar en partículas subatómicas si se encariñan, ni les vamos a ir a reclamar chocolatines los 14 de febrero porque salgamos más de una vez, ni nada por el estilo, eh... les aviso, muchachos, por las dudas).

Tengo los ovarios inflados de tener que “hacerlo todo”. ¡Me cago en la puta liberación femenina!... ¡no me liberé de nada!. Ahora tengo que laburar, ser “exitosa” (???), estar espléndida, ser autosuficiente, tener la casa de punta en blanco, y para colmo enganchar un marido y de yapa un crio... ¡ah!, me olvidaba: y ser “feliz” con todo, todo el tiempo. Paren un poco... Ojo que les agradezco un montón a las chicas y sus corpiños prendidos fuego, pero me parece que nos fuimos de rosca... ¿en qué momento se fue todo un poco fuera de escala?; ¿cuándo le pifiamos tanto?.

He vivido equivocada. La realidad es una gran confusión generalizada. Lo peor es que ya lo sabía. Lo sé desde que leí ese maldito epígrafe de ese libro de Hesse a los quince años: "Quería tan solo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mi, ¿por qué me iba a ser tan difícil?". Un renglón de violenta verdad. Tinta a fuego.

Y ahí viene la realidad. La semana pasada iba a salir con un tipo, con un Pibe-Bazooka. Nos encontrábamos en una esquina. Voy llegando al encuentro. Cuando estoy a mitad de cuadra lo veo. Él no me ve. Mientras camino me doy cuenta que no tengo ganas de salir con él. Que no le quiero contar mi vida. Que estoy de mal humor, que en el trabajo me fue mal esta semana, que no me interesa salir por salir... que lo que brota espontáneamente de mi es irme a la mierda, a mi casa, a mirar una película y tomarme un fernet con coca, sola. Me meto en un locutorio y lo llamo. Cancelo todo con una excusa, salgo y camino en dirección contraria a él. ¡Chau Pibe-Bazooka! Basta de tonteras. Es hora de empezar a hacer lo que realmente tengo ganas.

Herman Hesse: te va a llegar la factura de mi analista... y si no es a vos, va a ser al perejil de turno; porque ahora, Laura, va a hacer lo que le venga la recalcada gana.


[ Foto: Being John Malkovich, de Spike Jonze]



Laura en: Vestite y andáte

Ahora lo puedo decir: no sé si será Abril, Marzo o La Era de Acuario, pero creo que volví a La Ira. No es que no haya hecho todas esas famosas etapas del duelo. No señor. No señora. Ya lo negué, ya me enojé, ya me deprimí y ya lo acepté. Pero por alguna razón volví a La Ira. A la ira generalizada. Una ira retroactiva y proyectiva con los hombres. No me confundan por una misandra. No señor. No señora. Nada más lejos. Pero…

Miércoles pasado. Salgo con Pseudo-Compañero-de-Trabajo. Vamos a su casa. Tomamos algo. Él me cuenta su vida. Me habla, me habla, me habla. Usualmente estaría muy atenta e interesada, pero me doy cuenta que no lo estoy escuchando, que en cambio estoy pensando ¡No me hables más!. Me importa un cuerno tu opinión sobre la Bauhaus; no me interesa saber que los Reyes Magos te trajeron LA bici cuando tenías ocho años; no quiero enterarme cuál es la “pelí” que más te hizo “vibrar. Sos muy lindo, sí; pero estoy a punto de efectuarte una lobotomía. (Silencio en mi mente). Me desconozco.

Apuro el asunto, porque- honestamente- no quiero escucharlo más. Ahora despliega el catálogo de fracesitas berretas romántico-condescendientes. Tengo nauseas mentales. Tengo ganas de decirle que si se calla todo va a salir mejor. Me habló antes, me habla durante y empieza a hablarme después. Quiero que aparezca un O.V.N.I. y lo abduzca. (Silencio, otra vez). ¿Qué me pasa?, ¿por qué me pongo así?. Me muerdo la boca para no decirle Vestite y andáte; gracias por tus servicios. La que se viste y se va soy yo.

Tengo miedo de volverme iracunda… o de empezar a hacer pis de parada.


[ Foto: Blue Velvet, de David Lynch ]

Abril en: "Confusiones confusas"

Happy go lucky, Mike Leigh.



Es muy temprano a la mañana y escucho un ruido. Pienso por un momento que es el despertador, me acuerdo que no estoy durmiendo en casa, que la chica que conocí anoche me invitó a su casa, pero automáticamente me vuelvo a quedar dormida.
Salto de repente de la cama cuando escucho una voz muy aguda gritando feliz, hablando con otra persona por telefono. Pienso: ¡Muy agudo para tan temprano! ¡muy agudo! Me las arrgleglo para irme lo antes posible, pongo excusas, no me puedo quedar a comer con vos.. ma tengo que ir, perdoname, hablamos en estos días. (Hice lo que siempre odié que me hagan a
mí, que me digan “hablamos”, es tan poco comprometido, y es obvio que no vamos a habalar más ¡No hace falta que lo digas, no digas nada y listo!)
Cuando llego a mi casa sigo sintiendo esa voz aguda vibrando en mi oído. Me acuerdo de las voces graves, que lindas. Anoto en la lista otra cosa que me gustan de los hombres. Vuelvo a releer la lista, están empatados. ¿Que voy a hacer?