Mostrando entradas con la etiqueta Desamor.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Desamor.. Mostrar todas las entradas

Laura en: Fuera de Sincro

Nunca me había preguntado lo que les pasaba a los hombres conmigo (o si les pasa lo mismo) hasta que hace unos días me encontré por la calle con Amigo-de-un-amigo-de-un-amigo… y fue revelador. Yo iba a toda velocidad haciendo zig-zag con el paraguas por una avenida céntrica cuando me lo encontré saliendo de un Pago Fácil. Él me llamo por mi nombre y yo me quede congelada en medio de la calle como si fuese ese juego de la infancia del baile de las estatuas: inmóvil, hasta que él me invitó a tomar un café.

Estamos en el café charlando de cualquier cosa cuando de buenas a primeras me dice: “No me llamaste nunca más, eh. Y yo que me estaba enganchando con vos, ¿sabes lo difícil que fue decirte que te quería?”. Y justo ahí, ahí mismo cuando lo tenía vulnerable frente a mi como para hacer lo que quisiera, como en una película que se rebobina y pone play de vuelta, me acordé de sus besos brujos, de su “estoy disfrutado de mi soltería”, de la fiesta en la que me dejó clavada y se fue con otra, de mi enojo y de las horas que invertí esperando(lo), y de esa ultima- y fatídica- noche en que estuvimos juntos y me dijo que me quería mientras estábamos desnudos en mi cama. Por supuesto que no lo tome en serio en ese momento, ¿por qué habría de haberlo hecho?. Pero ahora veía en el océano verde de sus ojos que me lo estaba diciendo de verdad. Que me lo había dicho de verdad. Que yo le había quedado pendiente. Que en algún lugar, en algún momento, él también se había enamorado de mí. Y que a mí, ahora, ya no me importaba.


Le sonreí sin saber que contestarle; ¿qué sentido tendría ahora explicarle que yo también lo quise, que me había enamorado, pero que él fue un imbécil que no se dio cuenta? O lo que es peor: se dio cuenta tarde. “Estuvimos desincronizados” me salió responderle, y me fui antes que llegara el momento de las promesas que ya ahora no vamos a cumplir.


Salí a la calle inundada y el viento me dio vueltas el paraguas. Mientras trataba de arreglarlo y me empapaba bajo la lluvia, pensé: “Que putada del destino estos amores a destiempo. El amor es tan desorganizado y breve, y sin embargo, es tan largo el olvido…”. Y así, con media certeza, salté el charco que me separaba de un amor al próximo.




[Foto: Les parapluies de Cherbourg, de Jacques Demy]

Laura en: Volver

Vuelvo a mis pagos por el fin de semana largo. Me gusta volver. Vuelvo a caminar MIS calles, comprar el pan en MI panadería, ver a MI familia, andar en MI bicicleta, contemplar MI hermoso tilo con sus hojas amarillo-verde-amarronadas. Todo lo que es mío, y por ende, soy yo. Pero esta vuelta las cosas tienen un aire de extrañamiento. Es lo mismo, casi nada ha cambiado, y sin embargo todo me sabe un poco lejano, ajeno… impropio.

El que se va aprende que nunca se va del todo, ni vuelve completamente” me dijo MI Abuelo-Inmigrante-Europeo la mañana que lo fui a saludar cuando- con MI bolsito lleno de nada- partía a Buenos Aires.

Me subo al colectivo para volver. Que lejos y sola me siento… no me había dado cuenta hasta éste momento. Soy una desterrada. Me siento como protagonista en esa película de Kusturica. Vivo en un departamento alquilado con valijas y cajas embaladas aún después de un año de mudada. No figuro en la AFIP. No conozco a mis vecinos. Pienso que si tuviese un accidente en el departamento podría al menos pasar una semana hasta que alguien notara la ausencia y encontrara MI cuerpo en avanzado estado putrefacción siendo devorado por gatos-bestias, cuervos-voraces y algún otro animal mitológico. Desde que me separé no pude (no quise, no supe, no sé) armar otra relación en serio; para colmo me engancho con un tipo al que no conozco y que- casualmente- algo con él implicaría huir a otro continente… Cada vez más lejos de ningún lugar.

Quiero volver a encontrar MI calle. Quiero volver a tener MI “cucharita” las mañanas frías de domingo. Quiero volver a gritar MI propio “la puta que vale la pena estar vivo”… pero saben qué, hoy MI yo más MI está a un millón de años luz de casa… pero voy llegando (o volviendo).


[ Foto: Lola rennt, de Tom Tykwer]

Laura en: Numerolaugía


10.461 kilómetros de distancia me separan de un hombre al que no llegué a conocer.
8.965 fragmentos de recuerdos hacen aparición espontánea en mi cerebro a diario.
3.033 pañuelitos descartables fueron usados y tirados para secarme las lágrimas.
1.001 veces releo el mail que me envió reiterando su invitación a irme con él.
892 consejos diferentes recibí sobre lo que tendría que hacer… o no tendría.
248 horas pasamos juntos en esa inolvidable fiesta de euforia desmedida.
174 veces me despierto en cada noche pensándome otra vez a su lado.
87 cuentas realicé evaluando la posibilidad de comprar un pasaje.
51 películas románticas vi buscando mitigar la espesa nostalgia.
19 días y 500 noches escucho todo el día en un loop infinito.
8 kilos de helado de chocolate amargo comí en estos días.
2 ciudades gélidas, distantes y diferentes nos cobijan.
1 corazón roto es, sin duda, lo que realmente tengo.
No hay caso, por mucho no me dan las cuentas.
Ya veo que no me va a quedar otra salida.
Estoy forzada a tomar ese camino.
El que es a tientas y vacilante.
Un “borrón y cuenta nueva”.
Para quizás poder volver.
Volver una vez más a

Cero.
.
.
[ Foto: 4 luni, 3 saptamâni si 2 zile, de Cristian Mungiu]

Aurelia en : "Pesadilla"


Las horas, Stephen Daltry


Tuve una pesadilla. Me desperté con esa sensación de taquicardia y el sudor en el cuerpo. Todavía me cuesta respirar. Soñé que era la tierra. No tenía espalda. Me soñé en la tierra. Era tierra; fundida, acostada, postrada, tirada. Un tren pasaba sobre mí. Era lo único que pasaba. El tren. Sentí el peso de las toneladas sobre mí. Era insoportable. Asfixiante. Opresivo. Sentí toda la furia en su fuerza. Mi resistencia. Su reverberancia resonaba dentro mío, me aplacaba.
Desperté. No aguanté más.
Tengo la sensación de angustia en el pecho. No comprendo. No se va.
No va a desaparecer hasta que comprenda.
Lo único que pienso es que no puedo darle fin a lo que me hace mal.
Y tengo tu nombre tatuado en el cuerpo.