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Mariela Alonso en: Peor para el sol


"Lluvia" de Paula Hernandez

Era una noche de tormenta, la ciudad estaba desolada, pero ella quería salir igual. Había que hacer algo, no podía más con su angustia.
Su amiga decidió acompañarla. Fueron a un bar a escuchar a uno de esos tantos imitadores del cantautor español.
El espacio estaba casi vacío, solo unas pocas almas en pena se encontraban también ahí. Afuera no cesaba de llover.
Se abre la puerta y entran tres hombres, muy mojados. Habían intentado, en vano, empujar el auto que no quería avanzar con tanta agua.
El se llamaba Dante y se acerco a Bea, hablaron de la lluvia, de los poetas españoles , de la vida y en un momento sobraban las palabras.
Para que hablar si ellos ya no eran adolescentes, tampoco tenían veinte, ni treinta, ya sabían, al menos, lo que no querían. Esta vez Dante fue el que condujo a Bea al paraíso.
Así empezaron Febrero y en Noviembre llego el niño y como dicen los cuentos fueron felices y comieron perdices.

El video del domingo por Consuelo

Hable con Juan sobre las cosas que siento, él en un momento de la conversación se llamo a silencio. Tuve miedo y me fui al cine.

La protagonista y su marido estan acostados en la cama:
él - No quiero ir a Aruba (respondiendo a una invitación previa)
ella - No quiero estar casada
¡SILENCIO!

Estreno + vida conyugal actual = Lluvia!
Como es domingo la comparto con ustedes. . .




Buen domingo mundo!
Consuelo.

Consuelo en :"Quién no se ha enamorado al pié de una barra?"

"El mismo amor, la misma lluvia"
Dir: Juan José Campanella
1999


1,85 mts, sobretodo azul marino, maletín y zapatos de vestir negros.
Él viene derecho por Vicente López yo camino por Callao, al verlo sin ningún pensamiento previo doblo por Vicente López, sentía que flotaba detrás de él como cuando los dibujitos animados van en puntitas de pie detrás de algún aroma. Mitad de cuadra me doy cuenta que yo no iba para ese lado, pero sigo caminando hasta la esquina. Autos, autos y más autos cruzan esa intersección de calles, nosotros uno parado al lado del otro. Miro para los dos lados, me saco los auriculares (siempre camino con música) y con mi mejor cara de Upss, caminaba y me perdí le pregunto: "Disculpame, tenés idea qué calle es esta?", me mira como reubicándose en el tiempo y en el espacio y me responde: "Si, si Ayacucho. Vicente López y Ayacucho". Yo me hago olimpicamente la boluda y pongo cara de sigo sin saber donde estoy (pero desde hace una cuadra atrás tengo claro donde quiero ir o al menos con quien). Pregunta va, pregunta viene. Yo le digo que paseaba un poco, que soy despistada y me pierdo con facilidad (mmm una mentira tras otra), él se ríe y la cuadra siguiente la caminamos juntos. En la siguiente esquina, me dice "Ya que estabas paseando si tenés ganas te invito a tomar algo", Bingo! pensé para mis adentros, bien para mis adentros y lanzo un "Mmmh, dale".



De repente estoy sentada en la barra de un bar tomando cerveza con un morocho que está ¡TRE-MEN-DO!, mi teléfono celular empieza a vibrar vibra, vibra, vibra; yo no quiero atender, en este momento nada de lo que pase más allá de esta barra me importa. Mi teléfono sigue y sigue vibrando... Digo un "Hola" (con tono de quién mierda está molestándome?) y con voz poco amistosa mi jefe me ladra un "A qué hora pensás venir a trabajar?" y justo ahí, cual cenicienta a las doce menos un minuto, tuve que salir corriendo (previa explicación veloz y poco clara).
Sin intercambios de teléfonos, ni mails, ni direcciones, ni apellidos, desde la puerta me dí vuelta y guiñándole un ojo le dije "Nos vemos dentro de una semana en la misma barra".