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Antonia en: Consejos




Me gusta lo del Consultorio Sentimental. Me imagino una oficina con colores pastel, una secretaria parecida a Winona Ryder y una “terapeuta” al estilo Glenn Close. Me da la sensación de un lugar cálido y muy soleado donde van mujeres con vestidos hasta la rodilla, anteojos grandes y sombreros. A eso me sonó cuando leí el cartelito arriba del blog.

Me puse a pensar que con este tema de lo virtual está buenísima está nueva sección porque podes escribir lo que nunca te animarías a contarle a una amiga (ah! Chocolate por la noticia Antonia)

Me acuerdo de mi adolescencia donde no era habitual Internet, mucho menos los blogs y las redes sociales y realmente era un tema pedir consejos a los amigos y ni hablar a los padres. Siempre te quedabas con algo que no contabas del todo o (lo peor) no del todo cierto. La verdad era que los consejos que recibías les quedaban una parte abierta, algo que no cerraba…

Igual creo que la mayoría escucha los consejos pero después hacen cualquiera. ¡Y está bien! Me parece que la gracia de este tipo de consejos o comentarios es más que nada para romperte la burbuja de ilusión (“Sí es simpático… qué bueno que te presento a los amigos… pero fijate… no vayas tan rápido”) o darte una cachetada y mostrarte lo que está más claro que el agua: (¡te mete los cuernos! ¡Dejálo boluda!”).

En fin, tod@s pasamos por estas situaciones, de un lado y del otro (porque para consejeros todos somos licenciados), siguiendo al pie de la letra o haciendo lo opuesto, algunas veces idolatrando a nuestra amiga y otras veces odiándola de por vida. ¡Así que amig@s a seguir dando y recibiendo consejos!


"Dracula" de Francis Ford Coppola (1992)

Laura en: No me hagan elegir

Era verano. Domingo para ser más precisa. De un año, hace muuuucho. Nos habíamos pasamos toda la noche del sábado discutiendo, y la mañana del domingo nos encontró de la misma manera. Mis ojos parecían dos pelotas de tenis y estaban a punto de abandonar mis cavidades oculares en busca de un lugar mejor… o al menos uno dónde la propietaria no hubiese estado llorando por doce horas consecutivas. A los gritos pelados y a pleno reproche en medio de la vía pública. Y ahí no más- falto de un argumento mejor- me soltó la fatídica frase: “¿pero a quién preferís, a MÍ o a TUS AMIGAS?”.

Nunca entendí eso de la medición cuantitativa del cariño; como si existiera una bascula o un chart de porcentajes que mensure, catalogue y le otorgue un valor al amor y al cariño entre las personas, poniendo a algunas por sobre otras. No entiendo a los imbéciles que me preguntaban de niña “a quién queres más, ¿a tu mamá o a tu papá?”; que lástima no haberles contestado en su momento “a los dos por igual y de diferente manera, estúpido-nuclear-torturador-de-niños”. Mucho menos entiendo a los infradotados y a las infradotadas que le piden a sus parejas que elijan entre ellos y los amigos. No se puede.


Dice el dicho que a la familia no se la elije, pero a los amigos sí. A veces tampoco se elije a los amigos: los amigos te pasan, te suceden. Tengo amigos y amigas que han entrado a mi vida por azares, por coincidencias, por trabajos, por estudios, por lugares donde he vivido, por proximidad, por lejanía, por intereses comunes, por diferencias absolutas, por suerte y por desgracia. Y son, sin duda, una parte vital de mi vida. Y, seguro, jamás me dijeron: “a quién preferís, ¿a tu pareja o a nosotros?”. Por eso son mis amigos.


Y qué pasó con el infradotado que me hizo elegir, se preguntarán. Bueno, ahí no más, pegadita a la pregunta, me dí media vuelta y lo deje gritando en medio de la calle, solo. Así fue como dejé al primer hombre de mi vida; lo dejé porque que me hizo elegir entre él y mis amigas. Iluso…


(¡Y Muy Feliz Día del Amigo, amigas y amigos!)


[ Foto: St. Elmo's Fire, de Joel Schumacher]