Donald Petrie
Como nunca decidí entrar temprano al trabajo para poder llegar a tiempo a la barra del bar.
Estoy en el trabajo y cuento las horas, los minutos, los momentos, los temas que pasan por la radio que suena de fondo; sólo quiero salir de este edificio para llegar a mi casa, ponerme lo más lindo-sexy-casual que tenga en el placard y llegar a ese bar.
Quince minutos antes de que pueda salir eyectada del trabajo, mi jefe me dice "Consuelo necesito que reveamos algunas cosas, porque mañana me voy de viaje". Digo lo primero que me sale "Eeemmh no! No puedo, hoy no puedo". Y él dice "No te pregunté, te avisé". Lloro, pataleo, me enojo, pido disculpas y finalmente negocio quedarme 40 minutos, ni un minuto más. Para ese entonces, mi calculo de llegar al bar a tiempo empezó a desdibujarse.
Finalmente logro salir, estoy caminando por la calle y encontrar un taxi libre se me esta complicando más que ir de Iquitos a Macapá en una canoa por el Amazonas. Bajo al subte; tiene demora. Subo a la superficie otra vez. Me trepo al 80, a las diez cuadras una manifestación hace que debamos desviarnos y tomar el camino más largo posible. Grgrgrgrgr!


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