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Antonia en: "Mar"

Estoy sentada frente al mar. No pienso en nada. Cero. No pasa nada. No hay vacío... pero sí silencio. Silencio que sirve para descansar la mente. Silencio que sirve para escuchar solo el ruido de las olas.... Silencio que no espera el momento del pensamiento.... O sí... porque tarde o temprano el silencio te hace pensar... La vista queda fija en el horizonte y siento como el viento frío me pega en la cara...

No esperaba una llamada... Pero... parece que siempre me llaman en el momento en que no estoy aqui, ahora... cuando es tarde para una despedida o temprano para un encuentro...Miro el número en el ID. No atiendo. Suena. Retumba. Lo apago... Me desconecto...


"La Playa" 1999 - Danny Boyle (USA)

Laura en: Hay una voz en el teléfono.

Hace unos días con mi Ex hubiésemos festejado nuestro aniversario numero... …. ….un numero. Desde el primer momento que nos conocimos supe que él iba a ser el amor de mi vida. Sí, así de cursi y embadurnado de dulce de leche como suena. No me equivoqué. Él fue mi gran amor. Pasamos momentos hermosos, y también nos pasó la vida.

Los primeros meses de la separación fueron durísimos. Fueron casi inhumanamente difíciles de sobrellevar. Él no dio señales de vida. Ni un encuentro, ni una llamada, ni nada. Ante lo inevitable de mi nueva situación sentimental, me encargué de exorcizar todo aquello que podía recordármelo. Bolsas y bolsas y bolsas de recuerdos y porquerías varias acumuladas durante años encontraron nuevo hogar en el Cinturón Ecológico del CEAMSE. Lo más duro fue, sin duda, deshacerse de la cama que habíamos comprado- y usado- juntos, y que en la repartición de bienes me había quedado a mi. No importó: regalé esa cama y me compré otra, más grande y mejor.

Separación, reencuentros casuales y separación (nuevamente) de por medio, hace algún tiempo que adoptó el hábito de llamarme por teléfono. Me llama para contarme alguna novedad de algún amigo en común que yo ya sé, para preguntarme alguna cosa del trabajo, o consultarme alguna pavada que seguro está en Wikipedia. Ring, ring, ring. Lo atiendo porque me ayuda a mitigar las eventuales ráfagas de nostalgia... necesito saber que sigue vivo... necesito saber que está bien. Pero yo no lo llamo nunca. Me corto una mano con un cuchillo oxidado y dejo que el tétanos avance hasta que el miembro se desprenda voluntariamente de mi cuerpo antes de tocar el teléfono y discar su número. Como Mariela, yo también necesito que mi teléfono haga “ring” y todo sea más parecido a esa canción lisérgica de mi infancia y no al dramón del Paz Martinez.

Nunca me afectaron sus llamados, hasta que me llamó el día de nuestro aniversario. Era de noche y ya estaba acostada cuando levanté el tubo y escuche su inconfundible Qué haces, Negrita. Y ahí sí. Después no pegue un ojo en toda la noche... y la cama King-Size me dio frío.

[ Foto: Fight Club, de David Fincher ]