Viernes de trasnoche e intercambio cultural. Sábados de pantuflas hasta bien entrada la tarde. Hacemos cosas raras para gente normal...
Es sábado y salió el sol… y tengo que lavar ropa, limpiar la casa, arreglar el baño, terminar trabajo atrasado… y no tengo NADA de ganas. Me acordé que de chica, cantaba esto y esperaba que todo se resolviera de igual manera...
En todo trabajo que debemos hacer, hay algo divertido.
Si encontramos ese algo divertido, entonces ... SNAP,
¡el trabajo se convierte en un juego!.
Y toda tarea que asumes, se convierte en algo fácil.
Una diversión. Un entretenimiento. Es muy fácil de hacer.
Con una cucharada de azúcar esa medicina que nos dan
Esa medicina que nos dan pasará mejor.
Solo una cucharada de azúcar ayudará a pasarla mejor.
De la manera más encantadora
El pájaro construye su hogar,
Tiene poco tiempo para descansar
mientras recolecta sus pedacitos de ramas y hojas
Y mientras incesante en su trabajo
él tiene una tonada que lo acompaña
y sabe que la canción lo ayudará a seguir trabajando porque…
Con una cucharada de azúcar esa medicina que nos dan
Esa medicina que nos dan pasará mejor.
Solo una cucharada de azúcar ayudará a pasarla mejor
De la manera más encantadora
La abeja que recolecta el nectar
desde las flores al panal
nunca se cansa de ir y venir.
Porque ella toma un poquito
y en cada flor da un sorbito
Por lo tanto
Se da cuenta
Que su tarea no es amarga…
Con una cucharada de azúcar esa medicina que nos dan
Esa medicina que nos dan pasará mejor.
Solo una cucharada de azúcar ayudará a pasarla mejor
De la manera más encantadora
Todavía no se si voy a entrar puteando el lunes al blog o si me voy a conciliar con la humanidad.
Mientras tanto, invito a exorcizar demonios, con la reina máxima del body-shaker.
Me pudrí. Me pudro con mucha facilidad. A los cinco minutos de cualquier cosa mi vumetro de tolerancia se pone en rojo. Soy constante en la inconstancia, pero sufro de una amnesia temporal por lo que siempre recomienzo el ciclo.
Me aburro de mi corte de pelo, del colectivo que me tomo, del trabajo rutinario, de comer milanesitas de soja, de ver mis cosas de mudanza aún embaladas, de ir y venir.
Me canso de la moda, de los desfiles simétricos de indumentaria, de comprarme ropa roja, después negra, después verde, después naranja, después azul... y después roja de vuelta.
Me fastidian los bares “modernosos”, donde pasan una música horrible y el fernet te lo preparan con vomito-cola; donde tengo que salir a la puerta a fumar y para colmo escuchar las frases berretas de imbéciles sin imaginación.
Me harta hasta a coronilla embroncarme con el género masculino porque me engancho con lo peor del exponente. Esos especimenes que sus vidas están repletas de estados de facebook “es complicado” (¿qué es lo complicado, me pueden decir?), esos que tienen excusas de nene de 5 años que todavía se limpia los mocos en la pollera de mamá, o que ponen kilómetros de distancia y silencios gélidos entre ellos y vos.
Pero por sobre todo, me cansa estar cansada. No me soporto. Me pudre estar podrida. No me banco a mi misma.
Así que, así como ASÍ, decidí no estar más cansada. No escucharme tanto. Hacer caso omiso a todo eso que ya sé que me pudre el cerebro de forma tal que prácticamente puedo escuchar a mis neuronas suicidarse dentro de mi cabeza. Entonces, desembalé mis cosas, me cambie el corte de pelo, abandoné las milanesas de soja, me compré un vestido violeta que “no se usa”, me tome un taxi, fui a un bar que me gusta, solicite que pasaran uno de mis temas musicales, le dije al barman “Deja, que el fernet me lo preparo yo”, me fume un cigarrillo dentro del establecimiento, me dio lumbre Morocho-Infernal-Que-Raja-La-Tierra, y sin mediar demasiada conversación- con el cigarrillo aún encendido- cruce la puerta del lugar del brazo del muchacho y me hundí en la noche.
No me importa nada. Todo esto me va a durar otros cinco minutos. Mientras tanto, soy la gran simuladora.
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[ Foto: Batman Returns, de Tim Burton ]
Es difícil elegir un solo clip, hay millones de segundos, miles de minutos, cientos de horas que justificarían una lista interminable de momentos que merecen ser musicalizados. Por suerte existen todos los caledoscopios virtuales para espejarnos cuando brotamos de alegría, de nostalgia o de esa esperanza que se enciende como una chispa cada vez que nuestro palpitar del corazón sincroniza perfectamente con el ritmo de esa canción que nos mata.

