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Laura en: Buena suerte y hasta luego...


Abrí un cajón de una cómoda y me encontré con una foto mía amarillenta y roída por el tiempo. Me contemplé durante largo rato porque no me reconocí. En la reproducción de la representación estática y estética de mi persona podía advertir que, en aquel entonces, tenía la mirada de quién cree tenerlo todo por delante. El corazón se me replegó. Hoy el espejo no me devuelve esa imagen de conquistadora de las tinieblas que solía tener. Casi cometo el crimen- gracias a las posibilidades tecnológicas- de sacarme una foto y compararlas. Un rapto de sensatez me detuvo, por suerte. Lo último que necesito en este momento de epifanía es además confirmar que no tengo la frescura juvenil y que el paso del tiempo ha sido cruel.

No fue casual que me encontrara con esa foto. No existen las casualidades. Hace tiempo que no soy yo misma. Hice un repaso general de mi vida desde que me separé de mi Ex. Recorrí mis últimas relaciones, desde el vínculo enfermo con Amigo-De-Un-Amigo-De-Un-Amigo, pasando por el suicidio emocional con Amistoso-Turista-Español, a la estupidez de Pseudo-Compañero-De-Trabajo, y por ultimo, mi momento actual de carencia absoluta de afecto y coherencia.


No sé qué fue, si la foto, el encierro o mi delirium tremens, pero todos me llevaron a tomar una determinación: me voy. Me voy un tiempo. No sé a dónde; no sé cuándo vuelvo. Necesito una resurrección. Necesito perderme para volver a encontrarme. Necesito silenciar esas voces que me atormentan, que no se callan. Necesito que dejen de gritarme en mi cavidad craneal y que el eco me ensordezca, para que empecemos a dialogar todas las Lauras y yo.


(Nos vemos en la próxima vida, diría el Irlandés.)


Esto no es un punto y coma; tampoco es un punto final. Es un punto y

aparte.
O a lo mejor, solo sean puntos suspensivos… … …



[ Foto: Una novia errante, de Ana Katz ]

Laura en: Durmiendo con el enemigo


Me acabo de dar cuenta de algo: no me aguanto a mi misma. No es la primera vez que me pasa, pero ahora realmente necesito vacaciones de mi misma.

Ayer tuve que ir al Centro Cultural General San Martín por unas cuestiones de trabajo. El C.C.G.S.M., para el que no lo conoce, es un gran elefante blanco, un laberinto de pasillos, pisos y accesos. Tenía que ir a un lugar que, aparentemente, nadie conocía. Si no fuera que había hablado por teléfono con un ser humano y habíamos coordinado un horario, hubiese jurado que todo se trataba de un espejismo o que mi cita era con una presencia fantasmagórica salido de un sueño pesadillesco.

Llegue al lugar, y después de deambular como un alma en pena por los pasillos infinitos y lúgubres, decidí tomar el ascensor. Error. Grave error. Al octavo piso el ascensor se detuvo y quedo trabado ahí. Pase las próximas tres horas de mi vida encerrada en un cubículo de 2x2 sola conmigo misma. Encerrada con la única persona con la que no quiero estar en este momento. En ese tiempo, solo me resto pensar. No tenía ganas de pensar, pero la soledad y el silencio de esa cárcel de metal no me dio otra alternativa. Pensé en mí, en mi vida actual, en lo que estoy haciendo… y en lo que no estoy haciendo; en mi vida amorosa (o en la falta de ella) y en mi desastroso desenvolvimiento con los hombres. Y me enoje mucho conmigo misma; me hostigué y no me di tregua. Para cuando finalmente alguien se dio cuenta que me había quedado encerrada y lograron rescatarme del ostracismo de ese espacio impersonal, no fui yo la que salí… salió una mujer golpeada y arañada. Esa Laura tenía claros signos de maltrato.

Es cierto eso que dicen y yo ya lo había advertido: yo soy mi peor enemiga.


[Foto: Panic Room, de David Fincher]

El video del Domingo, por Laura

Que dificil saber lo que el otro piensa. Si hablando se entiende la gente... ¿por qué cuesta tanto?
Por lo pronto, una verdad: es dificíl ser ninfomana y romántica a la vez.

Laura en: Ni el ser, ni la nada

Vengo con mala racha. Me doy cuenta porque es viernes a la noche y estoy metida en la cama acompañada por ese libro interminable que empecé hace un año y que deje cuando en otras noches estuve entretenida con circunstanciales-y amistosas-compañías.

Mientras estoy intentando superar el sentirme miserable leyendo la miseria de otros, me ocurre la burla del destino.


Una de las delicias de vivir en una propiedad horizontal en una metrópolis atestada de seres humanos es el tema de la poca privacidad y la invasión sonora: uno escucha la vida de gente que nunca llegará a conocer. Escucha sus risas, sus peleas, escucha (y huele) lo que comerán, los oye cantar Celine Dion en la ducha… y los oye hacer otras cosas.


Estoy dando vuelta la hoja de mi libro existencialista cuando a través de la pared (o contra ella) se hace presente el TOC- TOC- TOC- TOC acompasado y sincrónico que solo puede significar UNA cosa. Le resto importancia y continúo con mi libro. La cadencia de sonidos se incrementa y disminuye de modo tal que dejo de concentrarme en la lectura y empiezo a preguntarme de dónde vienen esos ruidos, cómo es qué se están generando, si será la del 4° B o será de otro edificio, y demás preguntas que solo pueden llevarme a respuestas intranscriptibles. La imagen sonora aumenta ya en un desproporcionado insulto a todo quién ha ejercido las artes amatorias y le han dado el retiro obligatorio. No puedo creer que hace tanto tiempo que están en plena contienda; deben estar entrenados en las disciplinas tántricas. Me da la sensación que están matando a alguien por los alaridos que oigo, pero sé que esa mujer la esta pasando terriblemente bien. Mejor que yo, seguro. Me hundo en la miseria porque no me acuerdo la última vez que hice tal despliegue de capacidad pulmonar y espamento auditivo. Parece ser que cuando vos no tenes suerte te topas a diestra y siniestra con gente que sí la tiene, como si el destino te refregara en la cara lo que te estas perdiendo.


Finalmente llega el estruendo culminante, para luego abrirse paso el silencio. Silencio profundo. Tengo el libro abierto en la misma hoja hace una hora y media. Retomo la lectura hastiada… o más bien asqueada de saberme más sola que el uno. Sabiendo que el existencialismo esta bien, pero la vida es diferente. Que hay días en que el lado frío de mi cama de dos plazas se hace insostenible. Que mi desarrollo intelectual no cubre todas mis necesidades básicas. Y mientras me lamento de algo que no me lamentaría usualmente se abre paso el
TOC- TOC- TOC- TOC nuevamente. ¿En serio?, ¿Otra vez?; esto ya es ostentación. Salgo de la cama: no tiene ningún sentido presenciar una fiesta a la que una no fue invitada. Esto no es existencialismo, es instinto animal puro.


[Foto: The Unbearable Lightness of Being, de Philip Kaufman]

Laura en: Yo, la peor de todas.

Esta mal visto tener fantasías sexuales. En realidad no esta mal visto tenerlas, sino decir que una las tiene. Esta mal visto hablar de ellas, proclamarlas en voz alta, comentárselas a una amiga, decírselo a la pareja oficial o circunstancial. Esta mal visto pensar en qué te gustaría hacer y qué te hagan, en el plano sexual. Esgrimir cómo tener más placer o imaginar qué podría proveértelo, esta penado por la ley de los supuestos-buenos-modales. No es correcto imaginarse situaciones, posiciones, artilugios, contextos, ni acompañantes fuera de lo tradicional, fuera de esa regla tácita que dice que todo lo que no sea “nena + nene + posición misionero” es una perversión.

Yo tengo muchas fantasías. No se si tengo una imaginación fecunda o una libido desbordada, pero siempre tuve en claro que había un mundo sexual que pasaba por mi cabeza que no podía exteriorizar por dos motivos: primero por que me convencieron de que estaba mal hacerlo; y segundo porque- consecuencia de lo primero- no sabía como plantearle el tema a mis parejas sexuales. Creo que prácticamente podría abrir un Video Club con las “películas” que me hago en la cabeza. Tengo un surtido temático que va desde las Romanticas con atardeceres en la playa, a las películas de Acción, donde luego de una persecución y al cobijo de la noche, en medio de la calle sucede de T O D O. Otras son Épicas, y recorro alguna aventura digna de un vestuario de época elaborado; alguna que otra es un Policial Negro, donde interpreto a una femme fatale que seduce sin saber bien por qué. Películas de Cine de Autor, que reflejas mis deseos más personales, y Películas Populares, que reflejan deseos compartidos por la mayoría de la gente (o al menos es lo que yo supongo).

Seguramente mi video club tendría muchos adeptos que, ocultos como yo, también me confesarían que tienen fantasías y que les avergüenza admitirlas. Lo triste es que no encuentro alguien que quiera ver estas películas conmigo. Quizás porque la magia del cine esta en ser ese objeto perfecto e inalcanzable. Por suerte, algunos pueden volcarse en imágenes. El resto, seguimos imaginando en la oscuridad...


[ Foto: “Yo, la peor de todas”, de María Luisa Bemberg ]

Musiquita de Sábado, por Oxitocina

Viernes de trasnoche e intercambio cultural. Sábados de pantuflas hasta bien entrada la tarde. Hacemos cosas raras para gente normal...


Laura en: Fuera de Sincro

Nunca me había preguntado lo que les pasaba a los hombres conmigo (o si les pasa lo mismo) hasta que hace unos días me encontré por la calle con Amigo-de-un-amigo-de-un-amigo… y fue revelador. Yo iba a toda velocidad haciendo zig-zag con el paraguas por una avenida céntrica cuando me lo encontré saliendo de un Pago Fácil. Él me llamo por mi nombre y yo me quede congelada en medio de la calle como si fuese ese juego de la infancia del baile de las estatuas: inmóvil, hasta que él me invitó a tomar un café.

Estamos en el café charlando de cualquier cosa cuando de buenas a primeras me dice: “No me llamaste nunca más, eh. Y yo que me estaba enganchando con vos, ¿sabes lo difícil que fue decirte que te quería?”. Y justo ahí, ahí mismo cuando lo tenía vulnerable frente a mi como para hacer lo que quisiera, como en una película que se rebobina y pone play de vuelta, me acordé de sus besos brujos, de su “estoy disfrutado de mi soltería”, de la fiesta en la que me dejó clavada y se fue con otra, de mi enojo y de las horas que invertí esperando(lo), y de esa ultima- y fatídica- noche en que estuvimos juntos y me dijo que me quería mientras estábamos desnudos en mi cama. Por supuesto que no lo tome en serio en ese momento, ¿por qué habría de haberlo hecho?. Pero ahora veía en el océano verde de sus ojos que me lo estaba diciendo de verdad. Que me lo había dicho de verdad. Que yo le había quedado pendiente. Que en algún lugar, en algún momento, él también se había enamorado de mí. Y que a mí, ahora, ya no me importaba.


Le sonreí sin saber que contestarle; ¿qué sentido tendría ahora explicarle que yo también lo quise, que me había enamorado, pero que él fue un imbécil que no se dio cuenta? O lo que es peor: se dio cuenta tarde. “Estuvimos desincronizados” me salió responderle, y me fui antes que llegara el momento de las promesas que ya ahora no vamos a cumplir.


Salí a la calle inundada y el viento me dio vueltas el paraguas. Mientras trataba de arreglarlo y me empapaba bajo la lluvia, pensé: “Que putada del destino estos amores a destiempo. El amor es tan desorganizado y breve, y sin embargo, es tan largo el olvido…”. Y así, con media certeza, salté el charco que me separaba de un amor al próximo.




[Foto: Les parapluies de Cherbourg, de Jacques Demy]

Musiquita de Sábado, por Laura

Es sábado y salió el sol… y tengo que lavar ropa, limpiar la casa, arreglar el baño, terminar trabajo atrasado… y no tengo NADA de ganas. Me acordé que de chica, cantaba esto y esperaba que todo se resolviera de igual manera...



"Marry Poppins", de R. Stevenson.

En todo trabajo que debemos hacer, hay algo divertido.
Si encontramos ese algo divertido, entonces ... SNAP,

¡el trabajo se convierte en un juego!.
Y toda tarea que asumes, se convierte en algo fácil.
Una diversión. Un entretenimiento. Es muy fácil de hacer.
Con una cucharada de azúcar esa medicina que nos dan
Esa medicina que nos dan pasará mejor.
Solo una cucharada de azúcar ayudará a pasarla mejor.
De la manera más encantadora
El pájaro construye su hogar,
Tiene poco tiempo para descansar
mientras recolecta sus pedacitos de ramas y hojas
Y mientras incesante en su trabajo
él tiene una tonada que lo acompaña
y sabe que la canción lo ayudará a seguir trabajando porque…
Con una cucharada de azúcar esa medicina que nos dan
Esa medicina que nos dan pasará mejor.
Solo una cucharada de azúcar ayudará a pasarla mejor
De la manera más encantadora
La abeja que recolecta el nectar
desde las flores al panal
nunca se cansa de ir y venir.
Porque ella toma un poquito
y en cada flor da un sorbito
Por lo tanto
Se da cuenta
Que su tarea no es amarga…
Con una cucharada de azúcar esa medicina que nos dan
Esa medicina que nos dan pasará mejor.
Solo una cucharada de azúcar ayudará a pasarla mejor
De la manera más encantadora


(P.D.: hubiese sido un crimen no escucharla cantar Julie, por eso la traducción)

Laura en: Novia-de-Nadie

Me estoy sirviendo un canapé en el casamiento de una compañera de trabajo (casamiento al que, por supuesto, fui sola) cuando, de la nada, Vieja-Envidiosa-Sin-Aspiraciones-Personales se me acerca, me mira analizando mi falta de compañía, y se despacha con un "Pobrecita, ya te va a tocar", mientras en un supuesto gesto cándido me toma de la mano, como dándome el pésame. Veo en el brillo hueco de los ojos de la señora que me lo está diciendo porque “mi condición” le suscita lástima. “¿Qué “ya me va a tocar”, señora?” le pregunto, mientras calculo cuán lejos estoy del cuchillo más próximo que descansa sobre la mesa, como para clavárselo en la cavidad toráxica a la vieja insolente. “Que ya te va tocar casarte… sos joven todavía”. Se me atora el canapé en la tráquea por dos motivos: por el “todavía”, como si tuviera una fecha de expiré; y por la idea de que quiero casarme… otra vez. Le digo “No señora, yo ya estuve casada”. La mirada de Vieja-Envidiosa-Sin-Aspiraciones-Personales cambia de “lastima” a “víctima de una enfermedad terminal irrecuperable”. A la señora ésta seguramente algún infeliz la convenció de que a lo único a lo que podía aspirar en la vida una mujer era a casarse con el primer espécimen masculino que más o menos le pagara la dote a sus progenitores. No la culpo. Respeto su accionar del Medio Evo, con cinturón de castidad incluído, pero que no me venga a mí con esta cantinela, que no me queda. Yo le TENGO que aclarar a este ente retrógrado que su cosmogonía me tiene sin cuidado. “Sabe qué, señora…” arremeto “… la verdad que estoy muy bien así. No me hace falta un marido.” Y mientras se lo estoy diciendo me doy cuenta que es verdad. Que estoy bien así. Que me gustaría enamorarme, sí, pero que no necesito un marido. Ya lo tuve y no quiero volver a discutir si hay que bajar la tapa del baño o no, si pagamos las cuentas a medias, o a quién le toca limpiar la heladera. Ya no tengo ganas de eso. Estoy en la proclama de Ni Dios, ni Patrón, ni Marido. Y que vivan los novios… con-cama-afuera.


[ Foto: Beatlejuice, de Tim Burton ]

Laura en: Doctor, (no) tengo un problema…


Cómo no sé que hacer ya con mi vida, me someto a la estupidez colectiva de hacer un test. Reconozco que me llegó en el momento justo y que el título de “¿es usted una persona adicta al sexo y el amor?” tenía gancho.

Pregunta: ¿Ha tratado alguna vez de poner un límite o un freno a sus actividades sexuales?
Respuesta: ¡Pero más vale que no! Si “la actividad sexual”, como usted lo define Sr. Test, está buenísima, ¿por qué querría ponerle un límite?
Pregunta: ¿Ha tenido relaciones sexuales en momentos, lugares o con personas poco adecuadas?.
Respuesta: Bueno, esa es una pregunta un poco intima, ¿no le parece?; no quiero ventilar mi privacidad… pero sí. Digamos que “sí” y “sí”
Pregunta: ¿Ha tenido o tiene relaciones sexuales sin pensar en las consecuencias?
Respuesta: ¡Ah, claro! El Sr. Test seguro que siempre piensa en las consecuencias antes de encamarse. Así seguro que se levantó a la Sra. Test. A ver: si supiera que los imbéciles después no me van a llamar no me acostaría con ellos; pero no tengo la bola de cristal.
Pregunta: ¿Reincide en relaciones sexuales que no le convienen?
Respuesta: Me parece un poco prejuicioso de su parte que me diga que querer volver a ver a un tipo que es evidentemente un tarado se lo pueda definir como “reincidir”. Diferenciemos “reincidir” de “seguir participando y ganar” y le empiezo a responder…
Pregunta: ¿Le resulta imposible dejar de ver a una persona concreta aunque sepa que esto le perjudica?
Respuesta: No entiendo la pregunta. Yo estoy siempre bien. A mi no me perjudica en lo más mínimo volver a ver a Persona-Concreta.
Pregunta: ¿Cree que su vida carecería de sentido sin enredos amorosos o aventuras sexuales?
Respuesta: … … … bueno, ehhh… no sé.
Pregunta: ¿Cree que los problemas que experimenta en su vida amorosa se deben a que no disfruta del tipo de relación sexual y amorosa "adecuada”?
Respuesta: Ehmm…
Pregunta: ¿Cuando está separado de su pareja sexual, le invaden sentimientos de inquietud o desesperación?
Respuesta: Bueno, ¿sabe qué, Sr. Test? Esta bien: sí. Sí. Me invade la inquietud de saber que carajo está haciendo que no esta conmigo. Me desespero mirando el teléfono pensando “¿por qué no me llama?”. Me inquieto, me salen canas y me tomo todo el té de melisa para compensar.
Pregunta: ¿No considera que su conducta en el terreno sexual y amoroso no es acaso tan absurda como machacarse la cabeza contra un muro?. ¿No termina agotado?
Respuesta: Ahora que me lo pregunta de esta manera le tengo que decir que sí, es verdad. Me doy la cabeza una y otra vez… Y no termino agotada: termino exhausta.
Pregunta: ¿Le resulta imposible concentrarse en otros aspectos de la vida a causa de pensamientos que tiene por otra persona o por el sexo?
Respuesta: Perdón, me distraje pensando… en otra cosa.
Pregunta: ¿Le obsesiona alguna persona o algún acto sexual concreto aunque estos pensamientos le ocasionen dolor, ansiedad o malestar?
Respuesta: ¡Sí!, ¡ya le dije que sí!...
Pregunta: ¿Cree que su vida es un caos a causa de su conducta sexual y romántica o de sus excesivas dependencias emocionales?
Respuesta: … sí.
Pregunta: ¿Cree que, haga lo que haga, su vida es cada vez más insoportable, cómo una espiral de descenso a las profundidades del caos?.
Respuesta: … … … …

Leo el pie de página: Si ha contestado a más de una de estas preguntas con un sí y considera que sus actividades sexuales, comportamiento romántico o enredos emocionales pueden ser sospechosos, consulte a un especialista.

¿En serio?. ¿Todas estas preguntas para que al final me digas esto?. No necesitaba que este decálogo de preguntas de mierda me hiciera sentir peor para darme cuenta que tengo que ir a ver a un especialista. ¿Busco a un doctor?. Lo estoy pensando. Creo que… que…
A la mierda las preguntitas y el especialista: yo llamo a algún Amigo-con-beneficios que me levante el ánimo y listo. Problema resuelto.


[Foto: Basic Instinct, de Paul Verhoeven ]

Laura en: I can't get no satisfaction

“- ¡Pero si estas en tu mejor momento!” me dijo una amiga entre sorprendida e indignada de tanto escucharme quejarme. “¿Sí?... ¿pero cómo puede entonces ser éste mi mejor momento si yo me siento para el orto?”, le contesté.

En teoría todo indica que me va tan maravillosamente bien como en las tapas de las revistas de la farándula: espléndida, con sonrisita kolynos, pelo al viento, éxitos profesionales, familia, amigos y la mar en coche. Y así y todo, con sonrisita de cartón pintado incluida, nada me sienta bien y ando peor que nunca. No es que esté más violenta que de costumbre; eso sería normal. Tampoco estoy como Blanca Nieves cantándole a los pajaritos que me traiga un novio. La cosa es mucho peor: todo me importa bastante poco.


Que ironía: tanto que me quejé de los profilácticos emocionales que van por la vida cuidándose de no derrochar emociones, guardándolas vaya una a saber para cuándo (pero nunca se las dicen a una, nunca se les escapa un desliz de sentimiento), y ahora parece que la inmunizada soy yo, la que no puede demostrar sentimientos o emociones. Me da lo mismo comerme un apio que un asado de tira con papas fritas. Ya ni me gasto en peinarme a la mañana (¿para qué?). Ni me causan gracia las comedias ni lloro con las películas más desgarradoras. No tengo ganas de nada… de nada de nada.


La última frontera fue la semana pasada cuando salí con Un-Tipo-Cualquiera, fuimos a su casa, y el encuentro amoroso me produjo la misma emoción que leer el manual de procedimientos de un reactor nuclear. No experimenté ningún tipo de sensación. Tenía la cabeza en cualquier otro lado (literalmente, estaba pensando a que hora tenía que levantarme para pasar a buscar la ropa por el lavadero). Por primera vez en mi vida tuve que fingirlo todo: el antes, el durante, el durante durante, y- por supuesto- el después. Me escabullí de la casa con los zapatos en la mano y esperé en el palier del edificio a que alguien saliera para irme. Ni siquiera sentí el frió de la loza en mis pies mientras huía. Tampoco sentí ni pena ni lastima por el abandonado.


Mi amiga me miro horrorizada mientras le contaba que lo había fingido todo, y que nada me satisface en este momento, ni el sexo siquiera. “-¿Para qué fuiste a la casa?”, me preguntó con buen tino. Intenté armar una respuesta en mi mente; lo intenté y lo intenté... pero no le contesté. A medio camino ya no me dieron ni ganas de explicarle. Mi respuesta no la hubiera satisfecho.



[Foto: Ice Age, de Carlos Saldaña ]

Laura en: La espía que no amó.

Son las 18hs un día de semana y estoy esperando el subte en el andén de la línea A. Tomar el subte a esta hora es un suplicio comparable con los trenes de Tokio. Pienso que me equivoque de profesión. Que tendría que haber sido una renegada o una espía profesional y obtener lo que quiero por medio de la violencia, el engaño o aparatos súper tecnológicos. Eso hoy estaría más acorde conmigo. Fui domesticada, para luego ser expulsada del modelo de mujer de los años ’50 y echada a mi suerte, y ahora no puedo volver. Quisiera poder ser yo misma, despreocupada de todo; que los sujetos con los que estoy se quedasen sin problemas a dormir conmigo, y levantarme silbando una canción de Doris Day mientras les preparo scons recién horneados… Pero en cambio me sale ahuyentarlos o escabullirme con una falsa identidad.

Llega el subte. Casi como luchando por mi vida subo al vagón. Vengo arrastrando unos días negros y pienso en repartir sopapos y bombas molotov a diestra y siniestra. Para colmo viajo apretujada como una sardina enlatada. El vagón se detiene y una nueva ola de victimas empuja por entrar mientras se reacomoda este tretis humano que es el vagón. A cada milésima de segundo la realidad me da más razones para dejar de creer en la raza humana y aceptar mi misión de dominar el mundo, cueste lo que cueste.

La marea humana va y viene. Quedo casi enfrentada a un sujeto. Lo miro y pienso “¡Epa!... que lindo sujeto”. Me hago la distraída en un espacio donde es imposible hacerse la distraída. Estoy pegada a él, cuerpo contra cuerpo, y puedo sentir su calor. Me pongo colorada. No puedo ponerme colorada, él va a descubrir mi verdadera identidad si bajo mis defensas. Sujeto-que-esta-bien me sonríe. Pienso que mi misión se podría ir a la mierda si me pierdo en su mirada. Llega mi estación y tengo que atravesar ese muro humano hasta llegar a la puerta. “Permiso, permiso”, trato de mover a esas animas inmóviles. Sujeto-que-esta-bien, inesperadamente, me toma del brazo y como sacándome de las profundidades me ayuda a atravesar ese océano de personas. La marea me arrastra hasta la puerta y no me da la posibilidad de decirle que si quiere me olvido de mi misión, que se baje conmigo que le preparo los scons y además le convido de mi mermelada casera de frutilla. Encallo en el andén y las puertas del subte se cierran nuevamente mientras él me sonríe fundido entre otros cientos de rostros. El subte arranca y otra oportunidad que se va.

Tendría que reportarme a la Base Central y averiguar dónde es que vive, vestirme de negro e irrumpir sigilosamente en su morada por la noche para decirle que no se preocupe, que no voy a matarlo (al menos no en el sentido literal de terminar con su existencia), sino que estoy allí por otros motivos. Él se sorprendería con mi presencia porque, por supuesto, es informante para la agencia enemiga. Tendríamos una lucha cuerpo a cuerpo que estaría cargada de una alta connotación sexual hasta que finalmente, en vista que somos dignos oponentes, la pelea terminaría cuando nace el amor fortuito entre nosotros mientras me besa y me arranca violentamente toda la ropa. Así tendría que haber sido. En cambio, subo sola por la escalera mecánica del subte pensando que tengo que pasar por los chinos porque se me acabó el Mr.Músculo… ... Cómo me equivoqué de profesión…



[ Foto: Mr. & Mrs. Smith, de Doug Liman ]

El video del Domingo, por Laura

Pienso en nuestro consultorio sentimental y pienso si no iremos a ser un poco así...



"No sos vos, soy yo", de Juan Taratuto.

Musiquita de sábado por Consuelo

Empieza la noche del sábado queda afuera cualquier
preocupación. . . a disfrutar se ha dicho!




Besazo!

Laura en: Como te digo una co’ te digo la o’

En estos últimos días distintas personas me dijeron que quizás soy un poquito patética. No sé cómo tomarlo… En mi vida me han dicho que soy “media rara”, me han acusado del clásico “loca de mierda”, y nunca faltó la oportunidad para que alguien se despache con el tradicional “¿y a vos quién carajo te entiende?”. Creo que de esas frases pre-fabricadas las he escuchado todas y seguramente la evolución epistemológica generará nuevas frases, las cuales- sin duda alguna- serán enunciadas en referencia a mi persona. Pero “patética” no estoy segura si es un halago o un insulto.

Una amiga me arregla una cita a ciegas (¿para qué voy a una cita a ciegas?, no sé). Voy. Por alguna alineación planetaria empiezo a hablarle a este completo desconocido. Sufro de incontinencia verbal y le cuento detalladamente toda mi vida sentimental, desde mi separación y reencuentro con mi Ex hasta la reincidencia con el imbécil que me dice esta-todo-bien. Me doy cuenta que me tengo que callar, pero no puedo parar de hablar. Sigo y sigo. Prácticamente lo aturdo, ni lo dejo omitir un comentario. De un momento a otro (seguramente arto ya de escucharme hablarle de otros tipos) me suelta en una oración la palabrita que empieza con “P”. Completo-Desconocido me dice, con evidente desgano: “¿pero no te parece que todo eso es un poco patético de tu parte?”.

A ver, paren un segundo: si la raiz es la palabra griega pathos, que sería algo así como «todo lo que se siente o experimenta, estado del alma, tristeza, pasión, enfermedad» etcétera; y la otra parte es el sufijo ico, que vendría a ser «relacionado con», ¿cuándo me dicen que soy “patética” más bien me están queriendo decir que soy algo que esta relacionado con todo lo que se siente?, ¿eso es el mejor insulto que se les ocurre, decirme que tengo sentimientos o que puedo generarlos?, ¿qué me están queriendo decir exactamente? O la palabra “patética” será otra cosa…

Pagamos a medias y nos vamos del barsucho sin siquiera intercambiar teléfonos, saludarnos o desearnos una buena vida. Es de noche en Buenos Aires y el frío se hace sentir. Camino sola y el viento me hace lagrimear. Pienso: ¿seré patética?... Frunzo el ceño y me secó las lágrimas apretando los dientes. No, no soy patética: es que estoy llena de sentimientos conmovedores e impresionantes.


[ Foto: Persona, de Ingmar Bergman ]

Laura en: El regreso de los muertos vivos



Con tanto dispositivo tecnológico formando parte de nuestra vida diaria, ¿cómo es que la ciencia moderna no inventa algo que nos advierta cuando estamos cometiendo un error?, ¿no sería práctico algún pequeño aparatito que nos indique la aproximación de una situación de peligrosidad emocional?.

Estoy en casa, viernes a la noche. Bebida espirituosa y Janis Joplin como únicas compañías. Estoy recompuesta. Estoy bien. Estoy tranquila. Estoy. Suena el timbre. Atiendo. Escudado en la frase “estaba cerca de tu casa y se me ocurrió pasar a visitarte que hace mucho que no nos vemos” hace su (re)entrada Amigo-de-un-amigo-de-un-amigo. Que débil soy, estoy vulnerable. No, soy un desastre. En un segundo tiro a la mierda todo el enojo de meses anteriores, me olvido de las estupideces que le escuche decir, del esta-todo-bien, de las promesas que me hice a mi misma, de los té de melisa, de la tilinga con la que se fue de la puta fiesta, de los muñecos Vudú que armé a su imagen y semejanza. Me olvido de todo y lo hago pasar. Este es un excelente momento para que el aparato-detecta-errores encienda la luz roja.

1 + 1 = 2... y todo termina en el dormitorio... con escalas intermedias.

Estamos acostados en la cama y Él hace eso que no hay que hacer a menos que sea en serio: me corre el pelo de la cara, me abraza (¡no me abraces, no me abraces, no me abraces!), y me dice “Que linda que sos... sabías que te quiero un montón, ¿no?”… ¡¿CÓMO?!. ¿Cómo que ME QUIERE UN MONTÓN?, ¡pasaron mil quichicientos cincuenta meses y ahora te despachas con esto!, ¿Es en serio, o es una de esas frases huecas dichas al azar?, ¿Qué te pasa?: como me vas a decir eso, así, como si fuera una afirmación repleta de eventos cotejables con la realidad, si no me diste nunca un mísero indicio de que así fuera. ¿Y toda esa pelotudez que me dijiste de “estoy disfrutando de mi soltería”?, qué, ¿ya fue?, ¿ya se te pasó?. Y las eternas semanas que pasaron sin vernos, qué, ¿no existieron?. No seas sádico. Mirame: ¿no ves que estoy con la cabeza recostada sobre tu pecho, creyéndome de tu discurso solo la parte que me gusta?, ¿no te alcanza con eso?. Ahora te vas a ir y después no me vas a llamar por quince días y yo acá, como una estúpida ilusionada, seguro voy a estar reacomodando mi ropa en el placard de casa para dejarte un cajón para tus cosas…

En medio de mis tribulaciones internas él me besa. Un beso de esos que te aproximan al abismo. Solo un beso y los límites del mundo se desvanecen. No existe nada más en ese instante.

El aparato-detecta-errores explota; y atrás me explota la cabeza... y el corazón.


[ Foto: Hellbound, de Aaron Norris ]

El video del domingo por Oxitocina

Nos juntamos a almorzar y entre elegir una pelicula que termine bien o que termine mal.... Nos quedamos en el medio!

Musiquita del sábado, por Laura

Que entre el sol. Que vuele su voz.. ¡Que sea un hermoso sábado!


Consuelo en: "Una mesa, en un par de tragos y a bailar"

"Thelma y Louise"
Dir: Ridley Scott
1991

Lo que me pasa con Bigas Luna, hace un tiempo atrás me pasó con Alejandro Jodorosky y podría decirse que en literatura me ocurrió con Dostoievski. No quiero compararlos, ni decir que se parecen (aviso para posibles malos-entendidos), sino que la sensación que me provocan a mi tiene que ver con lo mismo. La complejidad del universo, la diversidad en lo complejo, la densitud de lo que yo llamo vida.
Con Juan todo marcha sobre ruedas. Todo va a ritmo de disfrute, como cuando era chica y acostada cara al sol en una colchoneta inflable me dejaba llevar por el río.
Hoy me desperté con una frase que me costo identificar de donde venía, finalmente descrubrí que era del último libro que leí (el de Simone), no la recordé textualmente pero la idea era nunca podría llamar libertad a mi soledad. Me tuvo pensando todo el día, incluso saqué el libro y busque esa parte, justo ahí me acordé de las preguntas de Lía y arremetí ¿Qué es la soledad?. Leí el post de Laurita y sin duda conozco ese sentimiento luego de un desafortunado encuentro con el mismísimo desencuentro en persona.
Pero mientras mi pregunta sigue rondando por acá yo descubro que si a los protagonistas de mi clásico favorito siempre les quedará París, a nosotras siempre nos quedará el bar y eso me salva.

Laura en: ¡EXpléndida!


Crees que llegaste a un equilibrio. Te pensas que estás bien. Asumís que el viento sopla a tu favor. Finalmente tenes una cita con un hombre, y no digo un niño-envuelto o un jovencillo-conflictuado, sino con un H O M B R E. Te miras al espejo y tenes la falsa sensación de que estas mejor que nunca: la ropa te sienta genial, el pelo esta inmune a la humedad de Buenos Aires, los veintiocho procedimientos de belleza que van desde que saliste de la cama hasta que vas a salir a la calle funcionaron a la perfección. En una palabra, estas espléndida.

Salís. Te enconcontrás con El-Hombre. Van a un bar muy lindo. Él es interesante y divertido. Todo como te gusta. La estás pasando increíblemente. Te acordás que estas espléndida. Él es un caballero: se ofrece- a cambio de ausentarse unos minutos- traerte de la barra tu bebida favorita. Ves a tu nuevo Lancelot sumergirse en la multitud. Debe ser TU noche.

Como una premonición, suena The Clash. Alguien te toca el hombro. Escuchas un “- Neeegraaaa, ¡¿qué haces?!”. Lo primero que ves es a la Nena-De-Jardín-De-Infantes con la que está, después lo ves a él. Ahí parado, tu EX, sonriéndote y esperando que le contestes como si nada, como si tuvieras que obviar el hecho que la criatura esa que esta parada ahí a su lado, abrazándolo, hasta ayer le cambiaban los pañales. De pronto el pelo se te eriza, sentís que se te nota la panza con ese vestido, que todos los años se te vinieron encima y que al final, no estas tan espléndida. Dónde esta el monigote ese de Lancelot que te acompaña cuando lo necesitas, ¿por qué tarda tanto?. Pensas que estás teniendo una conversación civilizada, pero en lo único que estas pensando es en cometer un homicidio a sangre fría, ahí mismo. Los enemigos saludan y se esfuman en medio de la multitud.

Ya te cagaron la noche. El-Hombre-Monigote-De-Lancelot te invita a su casa. Vos estas despechada y vas. Todo se vuelve una tabla comparativa entre el participante y tu EX. No esta mal… pero tampoco está bien… No está bien porque él- básicamente- no es tu EX. Como me dijo una amiga “No estoy enojada con todos los hombres, solo con los que se acostaban conmigo y ahora no se quieren acostar más”. Te vestís y no le haces ninguna promesa que sabes que no vas a cumplir; ¿cómo lo sabes?: lo sabes porque estás EXpléndida.


[ Foto: Dressed to kill, de Brian De Palma ]