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Laura en: ¡Basta para mi, basta para todos!


Me pudrí. Me pudro con mucha facilidad. A los cinco minutos de cualquier cosa mi vumetro de tolerancia se pone en rojo. Soy constante en la inconstancia, pero sufro de una amnesia temporal por lo que siempre recomienzo el ciclo.


Me aburro de mi corte de pelo, del colectivo que me tomo, del trabajo rutinario, de comer milanesitas de soja, de ver mis cosas de mudanza aún embaladas, de ir y venir.


Me canso de la moda, de los desfiles simétricos de indumentaria, de comprarme ropa roja, después negra, después verde, después naranja, después azul... y después roja de vuelta.


Me fastidian los bares “modernosos”, donde pasan una música horrible y el fernet te lo preparan con vomito-cola; donde tengo que salir a la puerta a fumar y para colmo escuchar las frases berretas de imbéciles sin imaginación.


Me harta hasta a coronilla embroncarme con el género masculino porque me engancho con lo peor del exponente. Esos especimenes que sus vidas están repletas de estados de facebook “es complicado” (¿qué es lo complicado, me pueden decir?), esos que tienen excusas de nene de 5 años que todavía se limpia los mocos en la pollera de mamá, o que ponen kilómetros de distancia y silencios gélidos entre ellos y vos.


Pero por sobre todo, me cansa estar cansada. No me soporto. Me pudre estar podrida. No me banco a mi misma.


Así que, así como ASÍ, decidí no estar más cansada. No escucharme tanto. Hacer caso omiso a todo eso que ya sé que me pudre el cerebro de forma tal que prácticamente puedo escuchar a mis neuronas suicidarse dentro de mi cabeza. Entonces, desembalé mis cosas, me cambie el corte de pelo, abandoné las milanesas de soja, me compré un vestido violeta que “no se usa”, me tome un taxi, fui a un bar que me gusta, solicite que pasaran uno de mis temas musicales, le dije al barman “Deja, que el fernet me lo preparo yo”, me fume un cigarrillo dentro del establecimiento, me dio lumbre Morocho-Infernal-Que-Raja-La-Tierra, y sin mediar demasiada conversación- con el cigarrillo aún encendido- cruce la puerta del lugar del brazo del muchacho y me hundí en la noche.


No me importa nada. Todo esto me va a durar otros cinco minutos. Mientras tanto, soy la gran simuladora.

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[ Foto: Batman Returns, de Tim Burton ]



Laura en: Falsa Perspectiva.

Estoy un poco cansada. Cansada- como Lia- de llegar a mi casa y que este todo hecho un quilombo. Estoy cansada del plato único sobre la mesa a la hora de cenar. Estoy podrida de los estúpidos que viven su vida con una profilaxis emocional, teniendo miedo de lo que podría pasarles si se involucran con alguien (ATENCIÓN. Les aviso: no les pasa nada, eh... no se van a desintegrar en partículas subatómicas si se encariñan, ni les vamos a ir a reclamar chocolatines los 14 de febrero porque salgamos más de una vez, ni nada por el estilo, eh... les aviso, muchachos, por las dudas).

Tengo los ovarios inflados de tener que “hacerlo todo”. ¡Me cago en la puta liberación femenina!... ¡no me liberé de nada!. Ahora tengo que laburar, ser “exitosa” (???), estar espléndida, ser autosuficiente, tener la casa de punta en blanco, y para colmo enganchar un marido y de yapa un crio... ¡ah!, me olvidaba: y ser “feliz” con todo, todo el tiempo. Paren un poco... Ojo que les agradezco un montón a las chicas y sus corpiños prendidos fuego, pero me parece que nos fuimos de rosca... ¿en qué momento se fue todo un poco fuera de escala?; ¿cuándo le pifiamos tanto?.

He vivido equivocada. La realidad es una gran confusión generalizada. Lo peor es que ya lo sabía. Lo sé desde que leí ese maldito epígrafe de ese libro de Hesse a los quince años: "Quería tan solo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mi, ¿por qué me iba a ser tan difícil?". Un renglón de violenta verdad. Tinta a fuego.

Y ahí viene la realidad. La semana pasada iba a salir con un tipo, con un Pibe-Bazooka. Nos encontrábamos en una esquina. Voy llegando al encuentro. Cuando estoy a mitad de cuadra lo veo. Él no me ve. Mientras camino me doy cuenta que no tengo ganas de salir con él. Que no le quiero contar mi vida. Que estoy de mal humor, que en el trabajo me fue mal esta semana, que no me interesa salir por salir... que lo que brota espontáneamente de mi es irme a la mierda, a mi casa, a mirar una película y tomarme un fernet con coca, sola. Me meto en un locutorio y lo llamo. Cancelo todo con una excusa, salgo y camino en dirección contraria a él. ¡Chau Pibe-Bazooka! Basta de tonteras. Es hora de empezar a hacer lo que realmente tengo ganas.

Herman Hesse: te va a llegar la factura de mi analista... y si no es a vos, va a ser al perejil de turno; porque ahora, Laura, va a hacer lo que le venga la recalcada gana.


[ Foto: Being John Malkovich, de Spike Jonze]



Consuelo en: "IN-SO-POR-TA-BLE"



"Perdidos en Tokio"
Dir: Sofía Coppola
2003



Hace una semana que no tengo mi cuerpo y mente en el mismo lugar.


Disfruto momentos, pero nada es claro y sufro. Sufro por cosas que invento en mi mente; por cosas que mi cuerpo dijo hace mucho; por la cantidad de frases de las que no tengo retorno, frases que hacen que él ya nunca vuelva a verme como antes.

Sufro porque me gusta sufrir, aunque no me gusta que me guste.

Fue una semana en la que estuve lejos del enojo con el otro y cerca del enojo conmigo.
Fue la semana en que mirándolo, pensé en todo lo lindo y no pude acordarme de lo feo.
Fue la semana en la que me pregunté: ¿en que momento se acabó? y fue la misma semana en la que me respondí: cuando yo dije chau, estoy segura que no!
Fue la semana en la que me dieron muchas ganas de huir y de volver.
Fue la semana en la que me di cuenta que la única persona que me aconsejaba siempre sobre él hace meses que se fue y fue la semana en que más la extrañé.
Fue la semana en la que llegó el miércoles a la noche y después de las 22 recién me di cuenta que era mi día de blog.
Fue una semana en la que me costo verle el lado lindo a las cosas, pero también fue la semana en la que por suerte hubo mucha amiga, canciones, abrazos, cigarrillos y fernet.



Mañana empieza una nueva semana y no se de dónde, pero tengo la sensación de que las cosas van a perder tragedia y van a ganar sonrisas.





Beso a tutti.