Mostrando entradas con la etiqueta pedro almodovar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pedro almodovar. Mostrar todas las entradas

Mariela Alonso en: Una mujer , además de una dama.

" Átame" de Pedro Almodovar

Estaba recostada en el sillón intentado concentrarme en la lectura. Didáctica es lo que tenía en mis manos Su voz llamo mi atención , él estaba de pie bajo el marco de la puerta , parecía un cuadro.. A veces lo mismo de siempre parece distinto y que bueno que eso ocurra.

Era una tarde como cualquier otra y lo vi, su cabello oscuro estaba mojado al igual que su rostro. Gotas de agua circulaban sobre su pecho. Estaba completamente desnudo, mirándome.

Sin palabras , bese su boca, con mis labios recorrí su pecho. Acaricie sus piernas y saboree su miembro, que me encanta sentir dentro de mi cuerpo.

Consuelo en : "Y mi nombre era...?"


"Átame"
Dir: Pedro Almodovar
1990



Consuelo sin ella, necesita que la amparen. Necesita Consuelo amparo. Ese amparo nunca llega a Consuelo y Consuelo hace cualquier cosa menos honor a su nombre.
Estoy desamparada y desconsolada, siento deseos de llorar como cuando era chica y no me sale.


Todo empezó porque “él” me agregó a una ya conocida red social (teníamos un amigo en común ¿?) y me habla por el chat. Pasamos días enteros charlando virtualmente y parecía como si nos conociéramos desde antes de encontrarnos.
Finalmente un día me invitó a salir. La noche transcurrió tan natural y divertida que no nos separamos más. Yo estaba feliz, me sentía una adolescente, viva, radiante, desmedida. . . hasta que me despertaron con un balde de agua helada en la cabeza (y Buenos Aires está muy frío por estos días).


Es la primera vez desde hace mucho tiempo (años) que hablo con un hombre que me esta pateando y lo entiendo, entiendo su punto de vista de las cosas, charlamos, nos escuchamos, dejamos entrever que nos queremos pero que a veces no alcanza.
Justo después de esa conversación, pasé el umbral de la puerta del lugar como si atravesara una cascada sabiendo que me iba a mojar y mucho, di un paso hacia delante y el desconsuelo me invadió.
Sin broncas, sin resentimientos, sin discusiones, sin promesas vanas, así me estaba yendo conmigo toda para mi otra vez.
Llegué a casa y de fondo mi amiga Velma escuchaba Bon Jovi, sentí que tenía quince años y sólo quería pasar a mi cuarto para tirarme a llorar en la cama. Varios años me separan de esos quince así que me senté con Velma, tomamos mates y le conté, me escucho e hizo eso mágico que siempre hace: me lleva la conversación sin que me de cuenta al lado gracioso y terminamos riéndonos mientras planeamos un guión de cómo raptarlo, atarlo a mi cama hasta que se de cuenta que no puede vivir sin mi. Después me abrazó, pusimos Átame y abrimos un vino.