Que dificil saber lo que el otro piensa. Si hablando se entiende la gente... ¿por qué cuesta tanto?
Por lo pronto, una verdad: es dificíl ser ninfomana y romántica a la vez.
Nunca me había preguntado lo que les pasaba a los hombres conmigo (o si les pasa lo mismo) hasta que hace unos días me encontré por la calle con Amigo-de-un-amigo-de-un-amigo… y fue revelador. Yo iba a toda velocidad haciendo zig-zag con el paraguas por una avenida céntrica cuando me lo encontré saliendo de un Pago Fácil. Él me llamo por mi nombre y yo me quede congelada en medio de la calle como si fuese ese juego de la infancia del baile de las estatuas: inmóvil, hasta que él me invitó a tomar un café.
Estamos en el café charlando de cualquier cosa cuando de buenas a primeras me dice: “No me llamaste nunca más, eh. Y yo que me estaba enganchando con vos, ¿sabes lo difícil que fue decirte que te quería?”. Y justo ahí, ahí mismo cuando lo tenía vulnerable frente a mi como para hacer lo que quisiera, como en una película que se rebobina y pone play de vuelta, me acordé de sus besos brujos, de su “estoy disfrutado de mi soltería”, de la fiesta en la que me dejó clavada y se fue con otra, de mi enojo y de las horas que invertí esperando(lo), y de esa ultima- y fatídica- noche en que estuvimos juntos y me dijo que me quería mientras estábamos desnudos en mi cama. Por supuesto que no lo tome en serio en ese momento, ¿por qué habría de haberlo hecho?. Pero ahora veía en el océano verde de sus ojos que me lo estaba diciendo de verdad. Que me lo había dicho de verdad. Que yo le había quedado pendiente. Que en algún lugar, en algún momento, él también se había enamorado de mí. Y que a mí, ahora, ya no me importaba.
Le sonreí sin saber que contestarle; ¿qué sentido tendría ahora explicarle que yo también lo quise, que me había enamorado, pero que él fue un imbécil que no se dio cuenta? O lo que es peor: se dio cuenta tarde. “Estuvimos desincronizados” me salió responderle, y me fui antes que llegara el momento de las promesas que ya ahora no vamos a cumplir.
Salí a la calle inundada y el viento me dio vueltas el paraguas. Mientras trataba de arreglarlo y me empapaba bajo la lluvia, pensé: “Que putada del destino estos amores a destiempo. El amor es tan desorganizado y breve, y sin embargo, es tan largo el olvido…”. Y así, con media certeza, salté el charco que me separaba de un amor al próximo.
[Foto: Les parapluies de Cherbourg, de Jacques Demy]
Lectoras y lectores. Mi post de hoy es una historia que me contó una mujer en el micro de retorno a Buenos Aires. Ella venía de visitar a su madre. Me pareció una linda historia y me dejó ese gustito en la boca de “si el destino lo quiere, así será”. Esta es la historia con unos toquecitos poéticos de mi teclado…
“Había una vez una mujercita. Había una vez hace mucho tiempo… Una adolescente que se enamoró. Una mujer que lloró. Una princesa que no fue rescatada. Un príncipe que no era azul. Una chica que se confesó. Un hombre que la rechazó. Una historia que no terminó. Una cena que no empezó.
Un café que se compartió en el momento equivocado. Un lugar que no existió en el tiempo. Un corazón que siguió latiendo. Palabras que no se dijeron. Miradas que se cruzaron. Labios que temblaron. Cuerpos que se rozaron.
Hubo una vez, hace ya bastante tiempo, una despedida. Y luego de muchos años, también un retorno. Una oportunidad. Una función de cine. Una cena. Una noche fría y lluviosa del mes de Julio. Un asiento trasero de un auto…
Hubo una vez otro lugar y otro tiempo. Un beso frente al altar. Un vestido color marfil y un velo de tul blanco. Un marido y una mujer.
En este tiempo, en este lugar, en este presente... Después de tanto esperarse, encontrarse, desesperarse... hay hace poco, una familia. Un padre, una madre y un hijo… “
