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Aurelia en: "Los míos, los tuyos y los nuestros"

"Easy Rider" Dennis Hopper

Odio el domingo a la noche cuando se acaba. Odio el lunes.
No sé esperar. La cabeza se me enquilomba durante la semana y después lo arruino todo a último momento. Como hoy que me decidí a escribir sobre esto.
Tengo un hueco en el alma que me perfora y se me confunde con la gastritis. No puedo parir. No me puedo volver a enamorar de mi trabajo. No me engancho con la tesis. Voy a dar a luz a un elefante deforme. Nunca me imaginé casada. Me imaginé con hijos adoptados, desde los 18 años. La segunda terapeuta me dijo que tenía muchas cosas que corregir, una era el concepto de familia. Me preguntó cómo veo al hombre ideal, y en vez de contarle la fantasía del panadero que te amasa como nadie y te despierta con medialunas, le conté la del sonidista que me acompañaba a recorrer el mundo haciendo documentales. Me contestó algo enojada que yo no quería una pareja sino que buscaba un compañero de trabajo. Yo ya venía de otro hijo que me había quedado trunco, entonces me pidió mi último corto para analizarlo, era chiquitito, chiquitito, como una libélula, como dos libélulas -no mejor- una libélula y un avispón verde: era una historia de amor. El corto estaba narrado a base de imágenes, porque no tenía un peso. Entonces empezó con que el corto era mudo, que yo no me permitía hablar. Nada que decir.
Qué boluda, no sabe lo difícil que es encontrar a un sonidista.
Yo no necesito un marido, quiero un compañero de aventuras. Quiero volver a sentir que no tengo techo. Quiero un Easy Rider.


Aurelia en: "Stand by"

Kill Bill, Quentin Tarantino

Mi casa es un caos. No tengo tiempo de limpiar. Aunque si hubiera tenido tiempo de ordenar, con eso alcanzaba. No encuentro nada. Me resfrié. Estoy en pausa. Mis movimientos son lentos. La nariz me sangra. Siempre fue inoportuna. La sangre tiñe y se queda pegada, es tan evidente… porqué será que es del color más llamativo que existe. Me encanta el rojo. Cuando era chica dibujaba sobre el lavatorio al estilo de Jackson Pollock revoleando mi nariz. El contraste con el blanco es hipnótico. La sangre corre como agua. Sabe diferente. 
En ese entonces me quemaron la venita izquierda con sulfato ferroso para taponearla. Supongo que no funcionó, es el mismo orificio nasal el que sangra. Me acuerdo de la pelota plateada humeante entrando por mi nariz. No huelo nada. Será porque estoy quemada. Será porque estoy resfriada. Será porque tengo que limpiar y ordenar mi lugar. Tengo que reconstruir mi espacio, el de afuera, para poder ver con claridad mi espacio interno. Me pongo en stand by. Mañana comienzo, de nuevo.



Aurelia en: "Transplante de corazón"


Tengo que preservar mi corazón. Cubrirlo con hielo, guardarlo en la heladera. Freezarlo. Marcarle con un fibrón negro a base de alcohol la fecha sobre el estuche. Tampoco quiero que se me eche a perder. ¿Cuánto aguanta la carne sin pudrirse? ¿6 meses? No sé. Supongo que me alcanza. Tengo que terminar la Tesis, tengo que conseguir un trabajo estable. No me puedo distraer con ilusiones por el momento. Las ilusiones me hacen perder el foco, las desilusiones me aplacan. Tengo repleta una mochila de 65 kilos sobre la espalda, y no es problema de ropa, es pura inconsistencia esperanzadora.

Me saco el corazón. Lo extirpo. Tampoco es tanto tiempo, nunca viví sin corazón… supongo que nadie se dará cuenta. Mucho menos viviendo en Buenos Aires perdida en la multitud, aprovechando el frío del invierno para que mi rostro pálido pase desapercibido.

Listo.

Te aviso-por la dudas- “Amor Idealizado”: no aparezcas. No te atrevas a acercarte. Sólo tengo espacio para el “amor carnal”, es lo único que necesito para la rehabilitación de mi corazón.

Amor concreto, amor pasional para reavivar a esta muerta-viva.